1001 maneras de vivir sin trabajar

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La añoranza de muchos es poder vivir sin trabajar, un sueño bastante lógico si pensamos que rascarse el ombligo siempre será preferible a picar piedra en una mina de carbón. Por desgracia, en la vida moderna es complicado sostenerse sin la ayuda de dinero en los bolsillos, de ahí que la mayoría de las personas se vean obligadas a conseguir un empleo donde a menudo sufren al tener que convivir con extrañas criaturas llamadas colegas y donde los jefes, unos ogros poco sutiles, acaban por pulverizar lo que alguna vez fue un espíritu idealista.

Un gran número de estudiosos han intentado descifrar el secreto para poder vivir sin trabajar. En este sentido, los vagabundos se han erigido como los mayores expertos en la asignatura, bajo una serie de estrategias que los alejan de las dinámicas del consumismo para entrar de lleno en contacto con el medio ambiente.  Este camino, sin embargo, no es fácil y son pocos los dispuestos a ir a su estela. La mayoría de las personas proclaman estar en contra del materialismo hasta que se enteran de que eso implicaría renunciar a usar el horno de microondas.

Para ellos, a los que se les complica desapegarse de las posesiones pero que al mismo tiempo quieren dejar de trabajar, queda una solución. Y la respuesta está en un libro lanzado en la agitada década de los sesenta, época en la quizás se haya presentado más concentración de locura per cápita en la historia de la humanidad.

El título en cuestión es 1001 maneras de vivir sin trabajar de Tuli Kupferberg, editado originalmente en 1961 y cuya edición definitiva fue lanzada en 1967 por la editorial Grove Press de Nueva York.

Antes de revisarlo, veamos un poco del autor.

Tuli Kupferberg (1923-2010) fue todo un personaje de la contracultura estadounidense de los sesenta. Estuvo asociado a la generación beat, aunque desde una posición aún más marginal que la de otros representantes del movimiento. El hecho de que su nombre permanezca un tanto en el olvido puede atribuirse a su propia naturaleza, un carácter indomable que le impedía asentarse y sobresalir en un solo género. Lo mismo hizo poesía que activismo por la paz; fue caricaturista, comediante, ensayista y músico. En este último apartado destaca The Fugs, la banda que fundó al lado del también poeta Ed Sanders, a quien conoció durante la proyección de una película. The Fugs fue un proyecto adelantado a su tiempo: el grupo, nacido en 1964, mostraba una actitud provocadora, letras satíricas y un albedrío musical que bien podría considerarse un antecedente de Lou ReedThe Velvet Underground. Punk en ciernes, divertimento.

Allen Ginsberg, por cierto, hizo referencia a Tuli Kupferberg en su célebre poema Aullido, a propósito de una curiosa anécdota: el día en que Kupferberg se lanzó desde el puente de Manhattan, debido a que, según sus propias palabras, había perdido la capacidad de amar. Para aquel hombre no valía la pena seguir adelante en tales circunstancias. El intento de suicidio resultó un fiasco: en determinado momento Kupferberg se dio cuenta de que estaba hundido en el agua pero que no había muerto. El inconveniente lo llevó a nadar hasta la orilla para después regresar a casa y dormir, como si nada hubiera ocurrido.

Eso era, más o menos, Tuli Kupferberg. Las pinceladas biográficas son importantes para entender los disparatados métodos que proponía para vivir sin trabajar en su libro, descatalogado y difícil de conseguir en la actualidad. En internet circulan algunas viejas copias cuyo costo está por encima de los $150 dólares. Y aunque no hay versión digital ni edición en español (el nombre original del libro es 1001 Ways to Live Without Working), me he dado a la tarea de traducir algunos de estos consejos a partir de escaneos que circulan en algunas páginas de la red.

Aquí va una selección: 18 maneras de vivir sin trabajar de acuerdo a Tuli Kupferberg. Espero les sean de provecho y les ayuden a dejar, por fin, las responsabilidades que les agobian.

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Cásate con el Presidente
Usa magia
Vive en una tienda departamental
Roba pan a las palomas
Disfrázate de paloma y espera a ser alimentado
Encuentra oro
Descubre la electricidad
Limosnea y abandona tras haber recaudado un dólar
Inventa cosas
Sé un crítico literario
Siempre camina
Vive con pigmeos (como el singular rey-gigante)
Lame tu plato
Guarda todo en tu habitación por 200 años, luego véndelo como antigüedades
Sé un caballo retirado
Busca un trabajo en Nochebuena
Inventa la televisión
Vive en un país extranjero en donde no se te permita trabajar

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*Las imágenes fueron sacadas de blogs.harvard.edu/houghtonmodern/

Mis 10 canciones favoritas de The Smiths

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Hace 10 años todavía era difícil encontrar a personas que gustaran de The Smiths. Encontrarlas era un pequeño milagro, un acontecimiento muy especial del que casi siempre salía un vínculo duradero. Con el paso de los años (y de las películas que los han manoseado), su fama aumentó. Hoy en día podemos asegurar que se trata de una banda mainstream (al menos por las tres o cuatro canciones que  suelen ser conocidas), aunque de manera curiosa la carrera en solitario de Morrissey sigue sin recibir la atención que merece.

The Smiths son junto con The Beatles mi banda favorita del todos los tiempos. Afirmo sin rubor que todas sus canciones me gustan, incluso las que son consideradas como menores (aprendí a agarrarle la onda a “Golden Lights”), así que hacer un top 10 no tiene demasiado sentido: en el próximo mes podría mencionar otras diferentes. Esta lista, sin embargo, es un pequeño homenaje a un conjunto que me acompañó en momentos donde nadie más lo hacía. Cuatro salvajes a los que miro con cariño por todo lo que me ofrecieron.

Gracias a ellos por estas canciones que me mantuvieron a flote, como se indicaban en esa joya llamada “Rubber Ring”.

(Den clic en los títulos si quieren escuchar el audio de los temas en youtube)

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10. “Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me”

El último sencillo lanzado por The Smiths en activo (sin contar “Stop Me If You Think You’ve Heard This One Before” que tuvo una distribución limitada) resume el espíritu que los conformó durante una breve, pero intensa carrera. Los sollozos de un alma que se lamenta ante una vida social insatisfactoria, sin que por ello se pierda la esperanza cada noche, en donde la fantasía de los sueños ofrece una calidez que empieza a quemar la piel por la mañana, una vez que se regresa a la realidad de una habitación vacía.

9. “Stretch Out and Wait”

Jim StarkPlato Crawford en la intimidad que ofrece la luz de las estrellas:  Do you think the end of the world will come at nighttime? Los pensamientos alojados en la mente de la adolescencia. El temor a las torpezas e incapacidades que se puedan tener en el primer encuentro, los cuales —se añora— puedan ser subsanadas por los designios naturales. Y toda esa emoción carnal, de la que ni siquiera se libran quienes han padecido años de ausencias, cuando los dos cuerpos caen sobre la cama y todas las dudas y dilemas pasan a segundo plano. Comprender, tendidos, que lo único que importante es el aquí y el ahora.

8. “The Boy With The Thorn In His Side”

Ante el ejercicio de identificarse con una canción, me inclinaría por “The Boy With The Thorn In His Side”, si bien las obras completas de Morrissey aplicarían por el puesto. En este tema  se aborda la angustia de quien se sabe incomprendido e ignorado. El chico con la espina en el costado va en confusión, no concibe cómo es que nadie puede ver aquello que guarda en la mirada, ¿cómo alguien no podría creerle? Ya sería hora de que cayeran en cuenta de que detrás de todas esas actitudes, en apariencia reclusivas, yacen deseos asesinos de amar.

Johnny Marr empieza por una ruta para luego retroceder e iniciar por otra; al fin y al cabo está rebosante de ideas, no hay temor al agotamiento; mientras allá, del otro lado, alguien se pregunta qué es lo que hay que hacer cuando por fin se quiere vivir. ¿Con quién vas? ¿A dónde te tienes que dirigir?

7. “Still Ill”

Un amor que se desvanece, una relación irrecuperable aunque todavía exista cercanía territorial. Besos bajo un puente de acero  que ya no tienen el significado que alguna vez tuvieron. No, ya no es como en los viejos tiempos. El duro golpe de asumir que no puedes permanecer aferrado a los sueños de antaño.

Las personas cambian y la nostalgia se convierte en un espectro. El sonido jangle en “Still Ill” lo recuerda con plácidas puñaladas.

6.”I Don’t Owe You Anything”

Un sentimiento constante en la carrera de Morrissey es la desesperación. El nervio que se colapsa ante la falta de incentivos. Y esa búsqueda incesante por alcanzar lo que se cree merecido: la plenitud, el amor, el estrellato. Este paroxismo se hace presente de manera singular en “I Don’t Owe You Anything”, en donde el ansia  se convierte en reclamo. El protagonista de la historia siente que la persona a la que ha dedicado sus empeños le debe algo, y que debe pagárselo cuanto antes. “¿En verdad he recorrido a pie todo este camino solo para escucharte decir que no quieres salir esta noche?”. El tipo de historias que eran posibles cuando la comunicación a distancia era difícil, sin tener aún la coordinación tecnológica.

Aquí discrepo con Morrissey  que, por el contrario, desprecia esta composición.

 

5. “William, It Was Really Nothing”

Johnny Marr obra el milagro de hacer sonar la guitara como si fuera la caída de lluvia para ir a la zaga de su compañero en esta historia sobre un lugar que te tira para abajo. Ciudad sin estímulos que ha empujado al conformismo… y una voz que te dice que no, que no tiene que ser así, que hay salvación, que hay otro camino. Es hora de que vivas tu vida.

Una proeza musical que en apenas dos minutos da en varios blancos.  I don’t dream about anyone except myself…

 

4. “This Night Has Opened My Eyes”

Quienes piensen que The Smiths eran únicamente Morrissey y Johnny Marr… tienen razón, pero atención a lo que Andy Rourke hizo desde el bajo en varias canciones, donde se convirtió en el amarre perfecto para redondear lo que disponían esos dos genios. Tal es el caso de”This Night Has Opened My Eyes”, que viene a ser Shelagh Delaney (la gran inspiración de Morrissey en los primeros años de The Smiths) sintetizada en una viñeta. El kitchen sink drama de quienes están sumidos en un contexto del que no solo es imposible escapar, sino que influye —para mal— en cada uno de los órdenes de la vida.

El “I’m not happy and I’m not sad” como declaración de principios. La celda de la vida diaria, arenas movedizas de las cuales hay que salvarse con la única oportunidad disponible.

3. “Hand in Glove”

The Smiths eran esto y no otra cosa. La garra, la pasión de quien se levanta luego de haber sido tundido una y otra vez. Una de las canciones de amor más bellas en toda la historia, en donde no importan géneros ni condiciones, enfocada a cualquier relación que viva en la adversidad. Morrissey daba así el primer paso de contundencia en su carrera como letrista, soltando líneas memorables una tras otra luego de haber pasado años en aislamiento. Era el león enjaulado que salía por fin a la superficie. Con este primer sencillo, el grupo se despegó de la competencia. Esta demostración  dejó en claro a lo que ellos eran diferentes. Eran de los nuestros.

Podemos ir a donde sea, lo que importa es que estés cerca de mí. Quizás estemos ocultos bajo harapos pero tenemos algo que ellos nunca tendrán. La buena vida está escondida allá afuera en alguna parte, así que permanece a mi lado, pequeño encanto. Pero conozco mi suerte muy bien y sé que probablemente no te vuelva a ver…

 

2. “I Know It’s Over”

Jamás he comprado esa visión superficial según la cual The Smiths es una banda triste y hasta depresiva. Creo que en la carrera del grupo abunda una ironía por la cual varios de sus temas acaban por ser malinterpretados. Hay, eso sí, una buena dosis de trazos melancólicos, una tendencia a la aflicción… pero siempre cargándola de belleza. Como si en esos baches se pudiera dar con un campo de flores. Si no se puede vencer los pesares queda la opción de hacerlos llevaderos (e incluso disfrutables) a través de la música.

Tal vez “I Know It’s Over” sea el trabajo más dolido y dramático de The Smiths, pero  Morrissey y Johnny Marr (contrario a la frialdad que podría encontrarse en, digamos, una pieza de Joy Division) logran ofrecer cobijo a quien lo escucha, un especie de consuelo, pese a que a la par tiren líneas que son verdades dolorosas.

Un himno a la sensibilidad y a todos esos atributos que, lejos de ayudar, complican el desarrollo de las personas (“Love is natural and real / But not for you, my love”). Los espíritus más profundos son a veces los que más sufren, a los que más se les dificulta tirarse al vacío.

1.”Half a Person”

Conocí a The Smiths en el mejor momento posible: en la complicada etapa de la adolescencia. Aquellos días en los que nadie te parece entender y en los que sientes que a nadie le pasa lo mismo que a ti. Deambulas desesperado con la ilusión de encontrar una guía, un refugio, para a más bien hallar barreras y nuevas desgracias.

Lo cierto es que si se va a encontrar una salvación es a través de un artista. Cada quien tendrá el suyo. El mío en particular fue Morrissey, con quien de inmediato establecí una conexión única. El copetudo era alguien diferente. No era la típica estrella de rock que cae en excesos de sexo y drogas, sino un tipo marginal que observaba con agudeza las dinámicas sociales, despreciándolas y queriendo entrar en ellas al mismo tiempo.

Recuerdo cuando la comunión se consolidó. Fue con “Half a Person”.

Vaya emoción al escuchar “Sixteen, clumsy and shy…”. Yo tenía dieciséis, era torpe y tímido. Y supe entonces (como con otras canciones), que The Smiths serían una de las bandas de mi vida. No solo una más, como tantas a otras a las que se escucha de vez en cuando, sino una de esas contadas (dos o tres nada más) con las que me obsesionaría. Era inevitable hacerlo. Los paralelos eran muchos, acabe conmovido sin poder remediarlo.

El muchacho aquel que estuvo seis años a la estela de otra… y que a cambio solo pedía cinco minutos para contar su propia historia. El que genio que solicitaba trabajo como un simple Back-scrubber.

“In the days when you were
hopelessly poor
I just liked you more…”

No tengo duda, ellos eran la historia de mi vida.

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Las 15 mejores canciones en la historia de Eurovisión

El Festival de la Canción de Eurovisión es un proyecto que a lo largo de más de seis décadas ha dado un impulso  enorme  a la música popular en Europa. Por ahí desfilaron artistas que han visto despegar o arruinar su carrera y se han presentado una gran cantidad de composiciones que con el paso de los años se volvieron indispensables para entender la cultura y el entretenimiento del viejo continente. Una fiesta que llama la atención de espectadores de todo el mundo, no solo de Europa. En América Latina se le tomó como ejemplo a la hora de desarrollar lo que fue el Festival OTI de la Canción, desaparecido por abundantes problemas que ponen en perspectiva lo admirable de la institución que tomaron por referencia, una maquinaria que se las ha ingeniado para seguir viva y cantando.

Cierto es que al envejecer Eurovisión ha perdido el prestigio que alguna vez lo caracterizó, pero de vez en cuando tiene material digno de rescatar. Un grupo de fieles ha crecido a la par de la oferta que aparece cada año. Se trata de una tradición para varias generaciones.  De ahí la importancia, del arraigo que ha establecido en la masa social. Un efecto basado en lo estimulante que es la competencia, sobre todo cuando se da entre países. En ello radica parte del atractivo de este certamen en el que se llegaron a ver enfrentamientos entre verdaderos titanes y en el que cada nación depositaba sus emociones como si se tratara de una guerra o un partido de futbol.

(Hay una secuencia de la serie Cuéntame como pasó que lo ilustra muy bien. Antes de continuar sugiero que la miren —clic aquí—, con ella  entenderán a lo que me refiero. Es una maravilla).

Con ello en mente, y para celebrar los más 60 años de Eurovisión, me he animado a hacer una lista con las que considero las 15 mejores canciones que ha dejado el festival a lo largo de su historia.

Advierto que el recorrido no pretende ser variado. Tanto en tiempos como en estilos peco de conservador. Se nota mi preferencia por ciertos idiomas y países. Casi todo pertenece a la época de gloria del programa (que se descompuso en algún punto de los años noventa) y me limito a géneros musicales sin extravagancias (como los que abundan en las últimas ediciones). Seguro habrá quejas. He omitido muchas joyas y he incluido elementos que posiblemente no tienen sentido para muchos. Soy contradictorio y no me guío por otro criterio que el de mi propio gusto, como creo que debería hacer cualquier listado que se respete.

Con la intención de evitar posteriores sobresaltos debo aclarar que no he incluido a ABBA porque nunca he sido un entusiasta de “Waterloo” y además porque considero que su participación representó un quiebre en la trayectoria de Eurovisión que, en mi opinión, trajo a la postre cambios no del todo favorables en el tipo de propuestas que poco a poco fueron invadiendo al certamen. Por lo demás, se trata de una banda que me fascina, tanto así que usaré uno de sus títulos para dirigirme a los artistas que aparecen representados a continuación:

Gracias por la música.

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15. Claes-Göran Hederström – “Det börjar verka kärlek, banne mej” (“Esto empieza a parecer amor, maldita sea”)

Año de participación: 1968
País representado: Suecia
Resultado final: quinto lugar

Cuánto estilo había a finales de los años 60. Basta mirar a Claes-Göran Hederström con esa gabardina y su peinado a la usanza beatle para darse cuenta. Y lo que es más, con una de esas canciones con las que surge la alegría de estar vivo. Pura simpatía: el protagonista de la letra empieza a sentir los pasos en la azotea al notar que, al parecer, se está enamorando. Sí, maldita sea, está cayendo en el profundo pozo del romance que tarde o temprano le pasará factura. Pero qué diablos. El trayecto es placentero y da igual que las costumbres de soltero empiecen a mutar a una forma perturbadora. Adiós a las fiestas con los amigos, adiós a las películas de acción en el cine; bienvenidas sean las pláticas con la suegra, las películas cursis y las llamadas telefónicas que dejan la garganta seca. Ridículos que uno hace porque al lado se tiene a alguien que  vale la pena.

14. Johnny Logan – “What’s another year” (“¿Qué es un año más”?)

Año de participación: 1980
País representado: Irlanda
Resultado final: primer lugar

 

¿Qué es un año más
para alguien que se está acostumbrando a estar solo?

La tonada, que remite a la “Reflections of My Life” (1969) de The Marmalade, condensa un lamento acerca de la pérdida de un ser querido; ausencia que supone el desdibujamiento del suelo sobre el que se está parado. El paso del tiempo, las experiencias, las ganancias, los encuentros… todo pierde significado ya que la pareja no está ahí para disfrutarlo. Johnny Logan deslumbra con “What’s another year” a medio camino entre el desconsuelo de quien intenta superar el bache y la furia contenida de alguien que se sabe víctima de un destino injusto. El futuro arruinado por permanecer anclado al pasado. El saxofón incluido sabe muy bien cómo darle sonido a esas emociones.

Johnny Logan, por cierto, es una especie de rey del Festival de Eurovisión, al haber ganado el certamen en dos ocasiones como intérprete (1980, 1987) y una vez más como compositor (1992)

13. Esther Ofarim – “T’en vas pas” (“No te vayas”)

Año de participación: 1963
País representado: Suiza
Resultado final: segundo lugar

Una interpretación en francés que, sin embargo, crea una pinta que parece sacada de una película de Antonioni. La habitación apartada desde la que una mujer llora mientras a unos metros de ahí se desarrolla una fiesta de copas largas y vestidos cortos. Esther Ofarim se sabe arrepentida: gritó y alejó a un hombre al calor de la discusión, pero ahora, en el gélido rumor de la noche, entra en desesperación. Al final no era tan fuerte como creía ser. El pilar que derrumbó a fuerza de golpes ha terminado por aplastarle el corazón. No obstante, le queda una última esperanza. Que su voz, su portentosa voz, llegue hasta los oídos de alguien que aleja sus pasos.

12. Guy Mardel – “N’avoue jamais” (“No admitas nunca que amas”)

Año de participación: 1965
País representado: Francia
Resultado final: tercer lugar

 

Sembrar la incertidumbre para cosechar el interés de los demás. Esta canción de Guy Mardel es de alguien que ha sido lastimado por las mieles ácidas del amor. Alguien con cicatrices que sabe que hay que ir con precaución. Un tipo con experiencia,  autoridad para aconsejar a los más jóvenes, esos que son víctimas fáciles por su propensión a idealizar sin estar al tanto aún de que el plano dominante son las decepciones, no la satisfacción. Hay que tomar cuidados, según parece. No revelar todas tus cartas frente a los prospectos amorosos ya que de la duda y la curiosidad nace el deseo. No te entregues a las primeras de cambio. O perderán el interés. Lo recomienda un francés con pinta de cínico. A saber si hay que creerle.

11. Brotherhood of Man – “Save Your Kisses for Me” (“Guarda tus besos para mí”)

Año de participación: 1976
País representado: Reino Unido
Resultado final: primer lugar

Hay un problema con esta canción: el aspecto de sus intérpretes. ABBA (y ahí, como mencioné antes, una de las razones por los que no tengo en alta estima a su participación de 1974) inauguró una estrafalaria era en la historia de Eurovisión que de pronto se volvió la norma. Lo que en otrora fue un espacio repleto de glamour y elegancia, acabó por convertirse en una plataforma donde las rarezas en turno dieron rienda suelta a los atuendos más descolocados que se les pudieran ocurrir. En cualquier caso sería un poco injusto achacar todo a los suecos (que  tanto nos han dado), cuando en realidad aquel rompimiento con el pudor corresponde a una década, la de los años setenta, que —para bien y para mal— legó colorido, libertad y bigotes espantosos. Aun así a Brotherhood of Man se le perdona porque entregaron “Save Your Kisses for Me”, un tema incontenible. Caramelo ante el que era inevitable caer rendidos y gracias al cual el grupo pudo conseguir un éxito internacional. Un clamor que, sin embargo, no logró que Martin Lee consiguiera una máquina de afeitar.

10. Alain Barriere – “Elle Etait si Jolie” (“Ella era tan bonita”)

Año de participación: 1963
País representado: Francia
Resultado final: quinto lugar

 

Era tan bonita que no me atreví a amarla, era tan bonita… no la puedo olvidar.

La condena de atravesarse con la mujer de tus sueños a sabiendas de que no deja de ser una relación inalcanzable. Estar ahí a unos centímetros sin poder decir nada por el temor al rechazo, a salir herido. Un tesoro que se encuentra detrás de una barrera invisible conformada por todas las inseguridades y dolores que se adquirieron en fracasos anteriores. Preferible no ilusionarse, dice Alain Barriere con todo su porte de La Trinité-sur-Mer. Parece que lo más conveniente es seguir adelante, asumir que no tiene sentido acercarse porque invariablemente vendrá el ninguneo, la aflicción. Y aunque el deseo no sea correspondido, lo sabe, no podrá olvidarla. Toda esa belleza deja secuelas. Es imposible salir avante cuando se topa con una mujer especial. Queda siempre el arrepentimiento, la agonía, el recuerdo. Lo que pudo ser y no fue.

9. Domenico Modugno – “Nel blu dipinto di blu” (“En el cielo pintado de azul”)

Año de participación: 1958
País representado: Italia
Resultado final: tercer lugar

 

Y volaba, volaba, feliz /por encima del sol y más alto aún/ mientras el mundo iba desapareciendo a lo lejos/ Y una música suave sonaba sólo para mí…

Domenico Modugno se regodea en el reflejo del hombre italiano en estado puro. Corazón, fuerza y ensueño. La célebre “Volaré” (como se le suele conocer) lleva la pasión hasta el mismísimo cielo. El júbilo romántico que conduce a un viaje insondable por unos ojos azules. Uno de los temas más populares en la historia del festival (con decenas de versiones por parte de artistas de todo el mundo) pese haber sido acreedor de un apenas  relevante tercer puesto, por debajo de dos alternativas de las que ya casi nadie se acuerda.
Si esto no te invita a pararte y a cantar con gozo en la cara es que estás muerto y ninguno de tus vecinos ha se tomado la molestia de informártelo.

 

8. Sergio y Estibaliz – “Tú volverás”

Año de participación: 1975
País representado: España
Resultado final: décimo lugar

Mocedades había causado sensación con “Eres tú” en la edición de Eurovisión de 1973, donde obtuvo un segundo lugar envuelto en polémica que, no obstante, jamás eclipsó a una cascada de voces que permanecen todavía como una leyenda de España. Para muchos, Mocedades debió ganar en aquella ocasión, incluso por encima de la nada menor “Tu te reconnaîtras” de Anne-Marie David. Visto a distancia y con frialdad, puede que la anécdota (que en la actualidad todavía indigna a algunos) haya favorecido al grupo ibérico. El fiasco los convirtió en una especie de mártires. El típico caso del perdedor que sale reforzado ya que la opinión general se pone de su parte hasta llevarlos a un nivel de culto mucho mayor al del ganador oficial.

Dos años después ocurrió algo que considero una injusticia aún mayor. Esta vez con Sergio y Estíbaliz, dos exintegrantes de Mocedades que habían abandonado al conjunto poco antes de que surgiera el parteaguas que representó “Eres tú”. Aquello parecía la oportunidad de revancha con estos renegados en favor de su país. Al menos así se podía percibir: el evento llegaba apenas un par de años después con los ánimos todavía caldeados y bajo condiciones parecidas, incluso con una canción de Juan Carlos Calderón (“Tu volverás”), como la que gozaron sus antiguos compañeros en 1973. Para su desgracia el resultado fue mucho peor, un décimo puesto muy lejos del podio. Un resultado incomprensible que dejó enterrada una gema en la que Estíbaliz se luce con una voz esplendorosa que recita esa letra llena de melancolía. Una mirada hacia atrás, doliente mas esperanzada, con el indicio de que basta tener determinación para recuperar el mundo interior que se creía perdido. La esperanza, los sueños, las ideas que tuvimos cuando éramos jóvenes. Una caricia a lo que fuimos.

7. Niamh Kavanagh – “In your eyes” (“En tus ojos”)

Año de participación: 1993
País representado: Irlanda
Resultado final: primer lugar

 

Niamh Kavanagh da muestra de que no se requiere de levantar aspavientos en el ritual de lograr una gran interpretación. Sin apenas moverse y con un atuendo sencillo, enfoca sus esfuerzos en dejar correr una voz digna de derretir a todos los presentes. El contenido de la propuesta es especialmente significativo para aquellos que conozcan el poder liberador del amor, gracias al cual es posible desfogar sentimientos que permanecían reprimidos en un interior donde ya empezaban a oxidarse. La atmósfera que despide esta actuación en el festival (la soltura, la entrega), así como el año de concurso, hacen pensar que en cualquier instante Kevin Costner saldrá al escenario para interponerse entre Niamh Kavanagh y una bala. Una artista de tanto calibre merece el sacrificio de ensuciarse el smoking con un poco de sangre.

6.  Paola del Medico – “Bonjour, bonjour” (“Buenos días, buenos días”)

Año de participación: 1969
País representado: Suiza
Resultado final: quinto lugar

 

 

El poder del carisma. Si uno atiende a “Bonjour, bonjour” es indudable que se trata de una composición pop más bien normalita. Lo que la saca a flote es el encanto de Paola del Medico que con apenas 18 años extrae petróleo de un puñado de piedras. Y ni cómo resistirse ante semejante sonrisa, ese peinado, ese vestido. Sería un despropósito no acabar enganchado a un combo destinado para enamorar hasta al espíritu más negado de todos. Vean esos pequeños movimientos desarrollados sin apenas despegar los pies. Da gusto ver a alguien dedicado a promover la dulzura y el buen semblante en medio de rostros largos que necesitan cariño.

Como Paola dice en su interpretación: “El mundo es maravilloso, no podría ser más maravilloso”, y no cabe duda de que lo es. Lo es al menos durante los tres minutos en los que ella se esfuerza por conseguirlo.

5. France Gall – “Poupee De Cire, Poupee De Son” (“Muñeca de cera, muñeca de trapo”)

Año de participación: 1965
País representado: Luxemburgo
Resultado final: primer lugar

 

Un clásico que lleva la marca de genio detrás. Serge Gainsbourg entregó “Poupee De Cire, Poupee De Son” a France Gall, un tema que catapultó a su ya de por sí meteórica carrera. Como a tantos otros temas del Gainsbourg sesentero, a “Poupee De Cire, Poupee De Son” se le puede reprochar ser repetitiva, en esa manía por explotar al máximo un movimiento que se sabe infalible. Pero se ajusta a la perfección al formato al que estaba destinada, además de ser revolucionaria para la época gracias al juego lírico que Gainsbourg hace con guiños, dobles sentidos y juegos de palabras intrincados de los que ni la propia France Gall se enteró; recursos que en su faceta más radical (el famoso caso de “Les sucettes” y sus insinuaciones sexuales) llevarían a la ruptura del compositor y la joven intérprete.

“Poupee De Cire, Poupee De Son”es una reivindicación del pop (a la yé-yé) que por entonces no había logrado hacerse de un lugar en Eurovisión, en donde la balada era un monopolio. Gracias a esto se impuso por primera vez un ritmo agitado y refrescante para el momento.

4. Vicky Leandros – “L’amour Est Bleu” (“El amor es azul”)

Año de participación: 1967
País representado: Luxemburgo
Resultado final: cuarto lugar

 

El amor es multicolor. Es de colores plácidos cuando las cosas van bien. Te recuerda al azul del cielo. Al azul del agua que correo por los ríos. Puede que incluso te remita al rojo del fuego, al rojo de una manzana que muerdes sin poder resistir. Pero luego las ramas se tuercen. El amor puede tornarse a un color gris como el de las nubes que tiran lluvia sin piedad. Al gris de la niebla que impide mirar el horizonte. “L’amour Est Bleu” son palabras mayores. Un verdadero acontecimiento que conquistó al público y que se volvió en un éxito pese a no haber ganado el primer lugar en el festival. A fin de cuentas Vicky da en el blanco. Siempre resultará estimulante recordar las complejidades del amor. Un padecimiento que lleva a las víctimas de arriba abajo, de lo sublime a las experiencias más terribles que se podrían imaginar.

3. Betty Curtis – “Al di là” (“Más allá”)

Año de participación: 1961
País representado: Italia
Resultado final: quinto lugar

“Al di là” es uno de esas maniobras que iluminan el panorama ahí cuando aparecen. Se trata de una canción que triunfó en el Festival de San Remo en 1961 con las interpretaciones de Luciano Tajoli y Betty Curtis, y que a la postre representaría a Italia en Eurovisión donde conseguiría un discreto quinto lugar. Lo cierto es que daba para más. Si bien en aquel año se presentaron propuestas de nivel sobresaliente como”Are You Sure?” de The Allisons y “Nous Aurons Demain” de Franca di Rienzo, ninguna de ellas contenía el nivel de emotividad de “Al di là” (incluso “Nous les amoureux” de Jean-Claude Pascal, la campeona de aquella edición, palidece a su lado), que con el paso de los años se convirtió en un fenómeno de la ola romántica en América. El mérito corresponde a los creadores originales, Carlo Donida (música) y Giulio Rapetti “Mogol” (letra) que dotaron de intensidad y dramatismo a esta pieza dedicada a los amores que están más allá de todo, aquellos que trascienden a lo extraordinario y que se posicionan por encima cualquier lugar o concepto por más espectacular que éste sea. El armado es tan ajustado que cualquiera de las versiones que se le han hecho (bastantes) resulta un deleite. En Estados Unidos alcanzó la fama gracias al uso que le dio Connie Francis y, de manera especial, debido a la aparición que hace en manos de Emilio Pericoli en una mítica escena de la película Rome Adventure (1962) protagonizada por Troy Donahue y Suzanne Pleshette. En Latinoamérica también tuvo un cálido recibimiento e inclusive llegó a ser interpretada por Javier Solís en el álbum Boleros, Boleros, Boleros (1963) en una adaptación en español titulada “Más allá”, así como una espléndida rendición ofrecida por Los Tres Diamantes.

En lo personal “Al di là” me ha acompañado desde la infancia. Venía incluida en uno de los primeros discos que compré con dinero sacado de mis propios bolsillos (un recopilatorio de música italiana) y cada que la escucho me remite a sensaciones cargadas de nostalgia. Una indispensable en mi vida.

2. Gigliola Cinquetti – “Sì” (“Sí”)

Año de participación: 1974
País representado: Italia
Resultado final: segundo lugar

 

1. Gigliola Cinquetti – “Non Ho L’Età” (“No tengo la edad”)

Año de participación: 1964
País representado: Italia
Resultado final: primer lugar

Gigliola Cinquetti tenía que estar en el primer lugar. No quedaba de otra. Ni cómo ir en contra de una cara tan linda. Sería ridículo hacerme el difícil. Y, por si fuera poco, había que incluirla por partida doble… o sea, darle la medalla oro y la de plata (y se quedan cortas para ese cuello, ejem), sin ningún reparo. Una oportunidad idónea ya que, además de ser extraordinarias, las dos participaciones que tuvo en el Festival de Eurovisión cerraron un círculo.

Con apenas 16 años, Gigliola Cinquetti triunfó con “Non Ho L’Età” en la edición de 1964, obteniendo una puntuación histórica que barrió con todos sus competidores.

La canción es un ejercicio de vulnerabilidad en la que la protagonista está llena de inseguridades e inocencia. La jovencita lamenta no tener la edad adecuada para entregarse al fuego de una relación amorosa. Según piensa, eso no está bien. No en alguien que ha sido educada para conducirse de manera decente desde pequeña. En ella se percibe un deseo por dar el paso adelante, mas teme no estar a la altura. No tener nada qué decir. A fin de cuentas se considera una simple niña sin nada que ofrecer. Salir a solas con un hombre… ni pensarlo. Pero ella quiere amar. Solo pide un poco de tiempo para estar preparada y entregarse. Cuando su edad se lo permita…

Y así fue. Diez años después Gigliola Cinquetti regresó al festival para dar el . Ya convertida en una mujer (sin perder un gramo de belleza), se presentó en Eurovisión 1974 y entonó un tema en donde aceptaba el amor de un hombre para llevar una relación de felicidad que pudiera cambiar para siempre sus días. Su actuación fue la última noche, un despliegue impecable en el que no le falló ni el vestido. Pudo quedar en primer lugar nuevamente, si no hubiera sido por el terremoto que apareció  en esa misma edición: ABBA y su “Waterloo” que se convirtieron en un hito que marcaría a la competición para siempre. Un animado número de glam pop que removió las aguas de tal modo que la tradición de balada en Eurovisión quedó trastocada sin remedio. En los años subsecuentes la organización se fue adaptando poco a poco otros géneros, alguno de ellos provechosos y otros un verdadero desastre que han puesto los focos sobre verdaderos esperpentos, en especial durante las últimas dos décadas.

Al final “Sì” de Gigliola Cinquetti obtuvo el segundo lugar. Quedó cerca de cumplir la hazaña de la doble corona, pero los nuevos tiempos soplaban hacia otro lado. De cualquier modo la italiana volvió a demostrar sus capacidades. Culminó el ciclo que había iniciado una década antes. Ella sola con unas coristas entregando su interior hasta las últimas consecuencias. Ganando en el camino a un cúmulo de embebidos admiradores.

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Bonus.

Canciones que estuvieron entre las candidatas para entrar en el top pero que no alcanzaron a pasar el último corte:

Anabel Conde – Vuelve conmigo (España, 1995)
Isabelle Aubret – Un premier amour (Francia, 1962)
Tommy Körberg – Judy, min vän (Suecia, 1969)
Lynsey de Paul & Mike Moran – Rock bottom (Reino Unido, 1977)
Udo Jürgens – Merci Chérie (Austria, 1966)
Massiel – La, la, la (España, 1969)

Butch Moore – I’m walking the streets in the rain (Irlanda, 1965)
Charlotte Nilsson – Take me to your heaven (Suecia, 1999)
Raphael – Yo soy aquel (España, 1966)
Noëlle Cordier – Il doit faire beau là-bas (Francia, 1967)
Mocedades – Eres tú (España, 1973)
Danijela – Neka mi ne svane (Croacia, 1998)
Jean Vallée – L’amour ça fait chanter la vie (Bélgica, 1978)
Lena – Satellite (Alemania, 2010)
Sandie Shaw – Puppet on a string (Reino Unido, 1967)
Baccara – Parlez-vous français?  (Luxemburgo, 1978)
Anne-Marie David – Tu te reconnaîtras (Luxemburgo (1973)
Minouche Barelli – Boum-badaboum (Mónaco, 1967)
Bobby Solo – Se piangi, se ridi (Italia, 1965)
Maggie MacNeal – Amsterdam (Países Bajos, 1980)
Françoise Hardy – L’amour s’en va (Mónaco, 1963)
Mary Hopkin – Knock, Knock, Who’s There? (Reino Unido, 1970)
Nana Mouskouri – À force de prier (Luxemburgo, 1963)
Iva Zanicchi – Due grosse lacrime (Italia, 1969)

 P.D. Ahora que repaso tales títulos, me pongo a pensar que varias de ellas pudieron entrar sin mayor problema entre el lugar 15 y el 7 del ránking. Pero había que decidirse y  ser cruel para acabar algún día.

Un cúmulo de sensaciones placenteras

Regresar a la habitación del hotel y encontrar que ya la han limpiado y que han puesto toallas nuevas.

Untar queso crema sobre el pan tostado (sin romperlo).

Quitarte los calcetines luego de un largo día y arrojarlos hacia cualquier parte.

Cuando el volante del auto se desliza entre tus dedos al regresar a su posición original luego de haber dado una vuelta.

Abrir la llave de agua y encontrar que todavía hay agua caliente después de diez minutos de ducha.

Pasar de un pantalón de mezclilla a la ligereza de la pijama antes de tirarte a dormir.

Un gato que camina sobre ti con toda su delicadeza.

Llegar a la última página de un libro que estaba resultando demasiado pesado.

Las piernas de una mujer a través de las medias.

Entrar a un lugar en donde tienen aire acondicionado mientras en el exterior el mundo se empieza derretir.

Descubrir que lo que ibas a pagar en la caja tiene un descuento inesperado.

Tomar una taza de té durante una tarde lluviosa.

Ser el niño que ha terminado los deberes con todo un fin de semana por delante.

Aquella campana en la escuela que indicaba la hora de salida.

Escuchar el olfateo de un perro cuando pasa la nariz cerca de tu oreja.

Morder la  parte final del cono que encierra una porción perfecta de helado.

Encontrar dinero en un pantalón viejo justo en una tarde donde querías comprar alguna tontería.

Ser el niño que ve llegar a un adulto con una caja de pizza entre las manos.

El momento en que la sala del cine se sume en obscuridad momentos previos al inicio de la película.

Tomar un vaso de agua para terminar con una crisis de sed. Agua natural, sin más. La bebida perfecta en tales circunstancias.

Dar un bostezo sin moderación. En una habitación apartada de cualquier testigo posible.

Queda absorto ante una pecera. Olvidarse de cualquier factor externo. Mirar a esos animalitos en el agua: ahí el secreto de la tranquilidad.

Cuando te retiran una venda después de un largo tiempo.

La frescura en la boca luego del lavado de dientes. La satisfacción es tal que uno se pregunta por qué no nos los lavamos al menos diez veces al día.

Pisar una hoja seca y aplastar un plástico de burbuja al mismo tiempo. Experiencias para atesorar con rumbo a la vejez.

Saber que todavía tienes por delante muchos capítulos de tus serie favorita.

Romper la envoltura de un regalo sin ningún tipo de piedad.

Esa primera taza de café por la mañana.

El triunfo que supone hacer reír a un bebé.

Observar el vuelo de un avión de papel. O la travesía de un barco de papel elaborado por un niño.

Abrir el buzón (el de la casa, el tradicional) y encontrar una carta o un pequeño paquete de carácter personal.

Irse a dormir con la certeza de que la alarma del despertador ha sido desactivada.

Los pies hundidos en la arena mojada.

Dar por fin con las llaves perdidas.

Una lata aplastada con un pisotón. Sentir que el siguiente paso es el dominio del mundo.

Una ensalada saludable que, de manera extraña, tiene un sabor estupendo.

Anotar un gol durante un partido entre amigos. O en un torneo de alcance internacional, según cuentan los expertos en la materia.

Cuando la abeja que amenazaba con picar se aleja de la mesa.

Quedar despierto durante toda la noche e ir a dormir con el comienzo del amanecer.

Llevar a un niño a ver una película. Una vez terminada, ir por un helado para comentar las escenas favoritas.

El olor interior de un auto nuevo.

La aparición de tu artista favorito en el escenario donde dará un concierto.

Ganar en el piedra, papel o tijera. Lo mismo con un volado. Sentir que eres un estratega de talla global.

Salir victorioso del cajero automático con un puñado de dinero. Varios de los momentos más dulces de la vida ocurren ahí, con el perdón superficial.

Devolver a un perro perdido a su dueño.

Encontrar una razón para salir de la cama cada día.

La travesía por una librería de viejo. Dar con joyas que cuestan menos que una botella de agua.

El refugio de una sombra en medio de la asfixia de un día soleado.

Ser el encargado de abrir un frasco que una persona mayor (tu abuelita) no pudo abrir. Y conseguirlo.

Encestar una bolita de papel en el bote de basura.

Despertar en la plenitud de la madrugada, mirar el reloj y caer en cuenta de que todavía hay tiempo para dormir tres o cuatro horas más.

La vida se aligera después de un buen corte de uñas.

Un partido de futbol y nada más. Poder sumirse en lo que pasa por la televisión sin ninguna otra preocupación. Ya se tiene suficiente con el contragolpe que arma el equipo contrario.

La llegada un obsequio inesperado. Una simple paleta lo puede significa todo si aparece en el momento adecuado.

El inicio de las vacaciones. Adiós a los pendientes, concentrarse en disfrutar. La cuenta empieza de nuevo.

El silencio que impera dentro de un museo. Los pasos provenientes de una sala que parece dictar un mensaje secreto.

Visitar el centro histórico de cualquier ciudad, perderse en las calles sin agobio alguno y terminar en algún tugurio con meseros amables.

Una banda de jazz — de las buenas— en vivo.

Pasar los dedos por las teclas de un piano, aunque no sepas tocar nada que resulte placentero al oído.

Despreciar las aventuras y deportes extremos de la comodidad de un sillón reclinable.

Leer un cuento para que alguien pueda dormir.

Ir a una cafetería sin ningún acompañante. Disfrutar de la bebida y la lectura de un libro, periódico o revista. Tener una libreta a la mano por si de pronto surge una idea importante.

Platicar con alguien que viene de un país lejano.

Cuando el trayecto ha terminado y el destino se revela ante los ojos.

Llegar al final. Al punto final.

pasar o no

Qué hacer en una sala de espera

Las salas de espera están planeadas con el objetivo de que pierdas los nervios. Una conjura internacional ideada para hacerle la vida imposible a esos bichos conocidos como clientes. Los médicos, psicólogos y los dentistas lo tienen claro. No basta con tener un título para impresionar a la muchedumbre. Hace falta un pincelazo extra. Y nada mejor para darse importancia que aumentar la expectación a través del tiempo perdido. Las estrellas de rock lo saben. A ellos les encanta salir tarde en los conciertos. Son maestros en llevar las emociones al límite. De ahí partió la tendencia que después llegó a los consultorios y a otros lugares de servicio (los autolavados, por ejemplo), aunque con resultados terribles. La transferencia conceptual cometió el error de no considerar un aspecto crucial. No es lo mismo aguardar a un concierto que estar a la espera de que un sádico dentista vaya a extraerte una muela. En el primer caso hay ilusión, ansia por ver lo que soñaste durante años. Por el otro lado, hay temor y nerviosismo ante la perspectiva de que tu dentadura vaya a ser violentada por un tipo loco que cuenta con un arsenal de herramientas filosas.

En este sentido, las salas de espera se convierten en una tortura. La incomodidad hace su aparición estelar junto a la tensión y un creciente lamento por haber nacido. Del pesar no se salvan ni las personas ecuánimes que, si bien podrán controlar los impulsos, tendrán que lidiar con el aburrimiento. Estar sentado durante media hora (o más) sin mayor alternativa que guardar silencio se presenta como un plan que saca de quicio a cualquiera.

Seguro que has pasado a un calvario similar. Una penuria que no se le desea a nadie y que, sin embargo, puede combatirse con una serie de pasos. En efecto: pese a lo que se ha mencionado, hay un conjunto de medidas que ayudan a sobrellevar la desgracia. Las comparto a continuación para las adopten en su próxima visita a un lugar del infierno.

***

1. Toma asiento en el lugar más apartado de todos. La comodidad será mayor si no tienes a nadie a un lado. Estarás más tranquilo, no vaya a ser que alguien quiera entablar una conversación contigo. Imagínate.

2. Cruza las piernas.

3. Descruza las piernas.

4. Vuelve a cruzar las piernas.

5. Descruza las piernas.

6. Repite la operación una docena de veces.

7. Suelta un carraspeo aunque no lo necesites.

8. Rasca alguno de tus codos.

9. Lanza un suspiro como si estuvieras en medio de una reflexión importante.

10. Piensa en un par de calcetines. Tus favoritos.

11. Ah, que sí. Traes tu celular. Échale un vistazo.

12. No prende. Lo traes con la batería descargada. Tenía que pasarte justo este día.

13. Tampoco te alteres. Hay vida más allá del teléfono. Mira, una mosca se está pegando contra el foco del techo.

14. Je. una mosca.

15. Ponte de pie. Estira un poco las piernas. Da unos pasos por ahí y por allá.

16. Dios, desde cuándo la actividad física se volvió tan pesada. Mejor vuelve a tu asiento. No estamos para maratones.

17. Revisa tus bolsillos. Nunca se sabe, a lo mejor traes un juego de mesa con el cual puedes divertirte un rato.

18. Pues no. No hay ningún juego de mesa en tus bolsillos. Salvo que te animes a improvisar un backgammon con la liga y el papelito que traes.

19. Ve al baño. Nada como ir al baño para quemar varios minutos.

20. El baño está fuera de servicio. Bien. El destino está poniéndotelo difícil.

21. Olvida lo del aislamiento. Es hora de que le hagas plática a alguien. Prueba con la recepcionista.

22. Habla con ella sobre el clima. A la gente le fascina hablar sobre el clima. Es el tema más divertido y apasionante de todos.

23. Como que a ella no le entusiasmó hablar mucho sobre lo gris que ha estado el cielo. Es posible que la presión laboral la haya dejado amargada.

24. Cambio de planes. Toma una de las revistas que hay en la mesa de centro. Tienen un ejemplar de Mundo equino con una sola rasgadura en la portada.

25. Cómo harán los caballos para tener semejante cabellera. Ya quisieras tú. Considera incluir heno y alfafa en tu dieta.

26. Suficiente de caballos. Toma otra revista. Es momento de enterarse de lo último en el mundo de la farándula… de 1997.

27. A quién quieres engañar. No quieres leer. Estás cansado, desearías estar en casa acompañado de un perro que te diera la patita.

28. Cierra los ojos. Nadie se molestará si tomas una siesta. Al cabo que ni roncas.

29. Eso es, poco a poco abandonas la conciencia. Un campo lleno de flores te espera del otro lado.

30. Tu cuerpo ha entrado en un estado de relajación. Felicidades. Todo será más sencillo a partir de ahora.

31. Qué lind…o es.. do…r..mir…

32. ¡ESPERA! Creo que la secretaria te habla. Abre los ojos.

33. Ah, no. No te hablaba a ti. Perdón, intenta volver a dormir.

34. ¿Cómo que ya no puedes? Lo siento, nunca quise arruinarte la existencia.

35. Te iba a decir que fueras a la máquina expendedora por algo de comer, pero con la suerte que traes lo más seguro es que el aparato te juegue una estafa.

36. Pregúntale a la secretaria que cuánto tiempo falta para que te pasen. Ella responderá: “en un momento”, lo cual puede equivaler a unas cuatro horas. Así que no te emociones.

37. Mira por la ventana. Qué bonito es todo allá afuera. Los jardines, las bancas, el cantar de los pájaros. Y tú encerrado en una habitación en donde nadie te quiere.

38. Pero no llores. Vas a hacer el ridículo.

39. Ya sé. Amárrate las agujetas. Tienes que dar la impresión de ser un hombre ocupadísimo.

40. Y todo por no cargar con un libro. Tan bonita que es la lectura y el pasar de las páginas.

41. Mira el reloj. Descubre que solo han pasado ocho minutos desde que llegaste.

42. Controla el ataque de pánico. Dile a la secretaria que te sientes indispuesto y que si puede cambiar la cita para otro día.

43. Tienes que pagar aunque no pases a consulta. Pues hazlo. El dinero está para despilfarrarse a la menor provocación.

44. Ya remediarás tu dolor de muela con un palillo. Es mucho peor tener que esperar.

boccaccio

Cosas a las que digo no

Sin más, un listado de cosas que me disgustan, a las que me opongo o con las que no estoy de acuerdo. No digo que cada una de ellas esté mal (aunque muchas de ellas sí), simplemente no van conmigo. Lo cual podría ser un argumento a su favor.


A los bares en donde sirven las bebidas en vasos de plástico o —el horror máximo— unicel.

A Jim Morrison y Guns ‘n’ Roses (ponme a Demi Lovato antes que a ellos).

Al doble dipeo. Una falta de respeto para quienes te rodean.

A los timbres de celular considerados graciosos. Nunca son graciosos.

A la mayonesa.

A las comidas exóticas. Viva el conservadurismo culinario.

A las personas que no se bañan por periodos prolongados (más de 24 horas).

Al cabello largo en hombres (crimen imperdonable, como diría Morrissey)

A tocar la comida de los demás. Así sea con el pétalo de una rosa.

A llevar la camisa abotonada hasta el cuello cuando no se lleva corbata. A menos que seas mujer o te llames David Lynch.

Lo mismo con las polo. Dejen de abotonarlas por completo. Cuánto daño hizo la modernidad en algunos, por dios.

A los perfumes baratos. Preferible no usar nada o cubrir el cuerpo con ácido.

A quienes preguntan una y otra vez hasta obtener la respuesta que quieren.

A las bromas de cámara escondida.

A los necios. Con ellos conviene ahorrarse el gasto de energía. Alejarse a la primera oportunidad.

A las malas propinas. Nada revela la tacañería como ese último detalle antes de abandonar la mesa.

A estornudar sin taparse con el mayor esmero posible.

A las películas dobladas al español. Sobre todo las que son tropicalizadas para la audiencia,

A regalar libros cuya calidad no se ha comprobado con una lectura previa.

A los que salen a pasear en bicicleta acompañados de un perro que corre obligado por el jalón de la correa. Recuerden que los animales van sin la ayuda de pedales y ruedas.

A despreciar las orillas de las pizzas. Una salvajada.

A cualquier prenda fosforescente.

A los que platican tan campantes en el cine.

A los charlatanes y su modo de vida que supone un robo velado.

A quienes hablan demasiado, privándonos así de silencios hermosos.

A dormir antes de la una de la mañana. Por mal que me pese.

A las playeras con estampados irónicos. Ya estamos en una edad.

A los que usan desodorante en aerosol como si se tratara de un perfume.

A la dejadez. Plantar cara es importante. En especial cuando parece que ya no se puede continuar.

A los puestos de comida callejera cercanos a hospitales.

A decirle gym al gimnasio.

A las manos sucias. Recurre al agua y al jabón si aspiras a ser digno de un saludo.

A los refrescos. Con mención honorífica a esa aberración de sabor que se ostenta como naranja.

A dejar la basura de tu comida en la sala del cine.

Al comunismo.

A los mariscos. Sé que me pierdo de mucho, pero mi paladar es incompatible con cualquier criatura sacada del mar.

A tocar el timbre más de dos veces.

A las llamadas telefónicas cuya duración supera el minuto y medio.

A esperar a personas que no tienen respeto por tu tiempo.

A echarle azúcar al café.

A dar terceras oportunidades.

Al olor a cloro que las piscinas dejan en el cuerpo.

A los focos ahorradores de energía dentro de la habitación en donde duermo.

A las versiones chill out de canciones de rock y pop.

A la ingratitud. Ser leal a quienes estuvieron a tu lado cuando lo necesitaste, de eso se trata.

A conformarse con la mala calidad. Prefiero no comprar nada a comprar algo que esté mal hecho.

A permanecer indiferente ante la injusticia, los engaños y la miseria.

A los oportunistas. A las personas que aparecen solo cuando necesitan algo de ti y luego se borran de tu camino.

A quienes solapan atrocidades solo porque provienen de gente con quien comparten una ideología.

A tragarse cualquier cuento sin antes verificar y contrastar la información.

A despertar por culpa de uno de los siguientes sonidos: la alarma de un auto, la llamada telefónica de un número equivocado o los ladridos del perro del vecino.

A la mermelada de fresa.

A las expansiones del lóbulo de la oreja.

A solo escuchar música vieja o a solo escuchar música nueva.

A dejarse envejecer. Tengas la edad que tengas (120 años, por decir), distarás de ser un viejo acabado mientras tengas un plan por cumplir, un hobby y una ocupación diaria. Por mínimos que sean.

A los chismes. Nadie te devolverá el tiempo perdido en tan baja conversación.

A vivir sin pasiones.

Al exceso de maquillaje en las mujeres. Da la impresión de que podrías intoxicarte si te les acercas.

A vestir feo. Conviene arreglarse con esmero aunque nadie te vaya a ver. Por puro respeto a uno mismo.

A las uñas largas en el caso de los hombres. A las uñas sucias en el caso de las mujeres.

A la palabrería tan propia de quienes no tienen nada importante que decir.

A las galletas con pasas. Esos espacios bien pudieron usarse para poner chispas de chocolate.

A dejar de consentirse a uno mismo. Cada día hay que darse un regalo. Lo que sea. Puede ser un suéter que nos guste o una taza da café. Era lo que recomendaba Dale Cooper.

A la prepotencia y la pedantería. Casi ningún ser humano es lo suficientemente importante como para intentar pasar por encima de los demás. Y los pocos que lo son no lo hacen y son personas amabilísimas.

A los centros nocturnos cuyo volumen de música impide sostener una conversación.

A tocar el claxon de manera excesiva cuando no hay motivos para hacerlo. En esos pequeños detalles uno delata su educación.

A ser de los que ponen los pies sobre la mesa. O los que suben los pies a la butaca de enfrente en la sala del cine.

A reclinar el asiento del autobús hasta incomodar al pobre desgraciado al que le tocó ir atrás de ti.

A los alimentos preparados con un exceso de aceite.

A cambiar de equipo de futbol después de los 10 años. Una vez una vez que has hecho una elección tienes que cumplir con la condena.

A las lenguas blancas. Cuando se laven la boca no olviden tallar esa parte hasta dejarla lo más limpia posible. Incluso las personas más atractivas se desmoronan si fallan en este aspecto.

desserto

Cincuenta y cinco pasos para enamorarse

1. Para enamorarte primero tienes que hacer una limpieza interna. Olvida toda tu trayectoria sentimental. Los malos recuerdos te condicionarán e impedirán que te enamores a gusto por temor a repetir errores y caer en las tristezas de siempre. Así que nada, tira las angustias por la borda. A empezar de nuevo.

2. Una vez completado el paso anterior, toma una taza de té. La mereces. Yo te la invito si me ves por la calle.

3. Prepárate para la llegada del amor. Tienes que estar a la altura. Deja los trapos que traes puestos y arréglate, por el amor de dios. Un buen baño es imprescindible también.

4. Y no solo eso. Tienes que ser digno de recibir el cariño de alguien más. Cultiva tu mente y busca una actividad que te apasione. Sé extraordinario en algo. En lo que sea.

5. Cepilla tus dientes al menos tres veces al día y duerme lo más que puedas. Esto te ayudará más de lo que crees.

6. Ahora olvida lo anterior. Nada de lo que he dicho sirve para enamorarse. O sí. No sé.

7. Mejor ponte a ver una película. Una comedia romántica. Sí, trágate el cuento de que el amor es muy bonito y que llenará tu vida de música indie. Acompaña con una cubeta de helado para redondear la escena.

8. Llama a una vieja amiga de la preparatoria. Descubre que su número ya no existe, que se mudó de ciudad o, peor, que ya se ha casado. Cuelga en cuanto escuches la voz de un niño del otro lado del teléfono.

9. Vale. Ese fue un intento desesperado. Prueba otro camino para enamorarte. Uno que ofrezca un tono de distinción. Haz como en ese relato de Bukowski y pon en el periódico un anuncio que diga: Se busca una mujer. Reúne a todas las candidatas en el jardín de tu casa.

10. Descarta a las aspirantes (y al par de caballeros que hicieron el intento) que no cumplan con tus parámetros de belleza. Sube el listón hasta que te quedes solo. Como siempre.

11. Cae presa del pánico. Vislumbra un futuro en el que toda la humanidad es feliz en pareja, excepto tú, que conformas el número non de la población.

12. Adopta un perro, por si las dudas. Quién sabe, en una de esas tienes razón y ninguna persona es compatible contigo. Con un animal de compañía al menos tendrás un consuelo.

13. Oye, pero no beses al perro. Guarda la compostura. No llores. Ve con tu nuevo amigo a pasear.

14. A las mujeres les gustan los hombres que tienen mascotas. Dale un abrazo a tu perro y acarícialo  ante la audiencia del parque. Continúa hasta que el animal te suelte un mordisco y tu humillación se vea completada.

15. Cambio de estrategia. Intenta ligar con alguien del trabajo. Obtén un no por respuesta y convierte el resto de tu vida laboral en una pesadilla llena de incomodidad.

16. Mejor presenta tu carta de renuncia y dedícate a una vida bohemia. A las mujeres les atraen los hombres que viven fuera del sistema. Déjate crecer la barba y prescinde de las normas básicas de higiene.

17. Abandona cualquier vínculo social. Dedica una temporada a la soledad e introspección.

18. Te has instalado en un cuarto en donde reina la obscuridad. Dile adiós al teléfono, televisión, internet y a cualquier medio que sirva para contactar con otras personas. Al diablo con los demás, eres un ser de luz que no necesita de nadie.

19. Ah, no. Ya recordé que tenías que enamorarte. Se supone. A ver, pongamos un poco de orden en la sala.

20. Ni se te ocurra salir de casa todavía. Mírate al espejo: luces fatal. Das asco. Así nadie te va a querer.

21. Tu refrigerador ha quedado casi vacío. Limítate a comer atún y aceitunas hasta que te den ganas de vomitar. Unos kilos menos te vendrán de perlas.

22. Conecta de nuevo la televisión y dedícate a ver lo peor que aparezca. Quédate a ver una película de zombis con caras feas, si es posible. Entre más asquerosos, mejor.

23. Busca entre tus libros alguna novela que provoque sensaciones horribles. Prueba con algún título relativo a la guerra o la desnutrición. El objetivo es que te sientas afligido.

24. O prueba con tu trayectoria amorosa. Esa que fingiste olvidar.

25. Recuerda las ingratitudes, las noches de pesar, los momentos desperdiciados y todo el tiempo que invertiste en una relación que terminó por fracasar.

26. Qué llorón eres, madre mía.

27. Prepárate un té.

28. Bueno, la botella de vino también sirve.

29. De lo que se trata es de pasar unos días rodeado de los peores estímulos posibles. Renuncia al exterior por entero. No salgas ni para comprar un repuesto para tu motosierra.

30. Húndete en la miseria. Desea que todo termine de una vez. Clama por la llegada de un apocalipsis nuclear.

31. La ausencia de luz, afecto y motivaciones te harán hipersensible una vez que salgas de casa.

32.  Sal de casa.

33. Regresa y ponte un suéter. Hace frío.

34. Tras sobreponerte al aturdimiento inicial, descubrirás que el exterior es hermoso. Los días de carencias te harán valorar el panorama. Lo que te rodea ha cobrado un nuevo valor para tus sentidos. Cada elemento te parecerá indispensable. Los árboles, el cantar de los pájaros, la luz que ilumina a los charcos. Las basura del asfalto que hace vibrar a tus venas.

35. Este es tu momento. Ahora puedes enamorarte. De cualquier cosa. Todo te parecerá digno de admiración. Incluso las piedras.

36. Pero apunta más alto. Las piedras no besan bien y tienen las piernas ásperas.

37. Ve por una mujer. La primera que cruce tu camino. Procura que no sea tu propia madre.

38. Eso es, prueba con la morena que está sentada en la parada del camión.

39. Salúdala. Dile hola y espera una respuesta.

40. Al parecer no te escuchó. Habla más fuerte.

41. Trae puestos los audífonos. Tendrás que tocarle el hombro para llamar su atención. Hazlo con delicadeza.

42. Te dio una moneda. Acabas de ser confundido con un vagabundo.

43. Eres una desgracia. No sé qué hago aquí dándote consejos.

44. Regresa al punto 3 y al 5. Apestas. El mal aliento es un repelente para Cupido.

45. Entiendo. Ya no puedes regresar a casa. Olvidaste la llave adentro y tu familia ha decido cortar de tajo el contacto contigo.

46. Vete a vivir al bosque. Tu aspecto personal hace juego con el fango.

47. Pasa a ser un hombre de las cavernas del siglo XXI. Cubre tu cuerpo con hojas y ramitas. Dile adiós a los zapatos: son para espíritus tibios.

48. Cuando tengas hambre come frutas. Ni se te ocurra ir a cazar. Estás hecho un debilucho. Una lagartija podría hacerte pedazos.

49. Deja que pasen los años. Asusta a los niños que intenten acercarse a ti. Espera a que se forme una leyenda alrededor de tu figura. Usar lodo en la cara acelerará el proceso.

50. Tarde o temprano surgirá alguien que quiera filmar un documental sobre tu vida. Entérate de una vez: para ellos eres el viejo monstruo del monte.

51. Arruinaste tu vida, sí. No me eches la culpa. Aún puedes salvar los papeles si tienes un último golpe de suerte.

52. Bingo. La directora del documental es una bella universitaria que quiere concertar una cita contigo para hablarte del proyecto. Acepta.

53. Apenas la tengas enfrente dile que la amas.

54. Ella no entiende lo que dices. Has olvidado cómo hablar con otro ser humano.

55. Pero por fin lo conseguiste. Estás enamorado.

sophia

Cinco canciones para iniciar el día con buen humor

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Tu cabeza sobre la almohada. El sonido del reloj y tus ojos recién abiertos. La luz que se cuela entre las cortinas. Los sonidos que se escuchan afuera de la habitación. El dolor de cabeza, el pesar interior. Un escenario que ahoga en el preciso instante  en que caes en cuenta de que has despertado. Sí, estás de vuelta en la lucha de cada día. Tú, que tan a gusto te encontrabas entre sueños, tienes que lidiar de nuevo con los problemas. A tu cuerpo le gusta la mala vida, qué le vas a hacer. Siempre se despierta antes de tiempo como si tuviera un convenio comercial con las ojeras.

No es que sea la primera vez. La desazón tempranera está incrustada en la rutina. Cada día es igual.  Te preguntas qué es lo que falla, qué es lo que podrías hacer para remediarlo. Piensas entonces en la música. Siempre la música. Los héroes de las canciones que acuden al rescate. Puede que con su ayuda el proceso se te haga más llevadero. Estás convencido de que así será.

Pero tienes que elegir bien. No se le puede encomendar una tarea tan difícil a cualquier cantamañanas. Necesitas a la crema de la crema. Con eso en mente, aquí te dejo cinco opciones ideales para ello. Están comprobadas.

1.  “December, 1963 (Oh, What a Night)” — The Four Seasons

Lo primero que necesitas es dejarte de quejas. Cuando despiertes por la mañana, no lamentes lo que tienes por delante. Intenta celebrar lo que tuviste en la noche anterior. O, si atraviesas por una temporada de capa caída, no te preocupes. Recurre a cualquier recuerdo del pasado. El de alguna salida nocturna que te haya hecho feliz. Si es necesario, puedes remontarte a otra década. A esa fiesta de la escuela donde conociste a una persona maravillosa de la que ya no recuerdas el nombre, pero que igual se quedó para siempre dentro de ti. Pega un brinco fuera de la cama con ayuda de Frankie Valli y compañía. Anímate. A lo mejor un día de estos repites la faena.

2. “Beautiful Ones” — Suede

Las calles están llenas de situaciones horribles. Hay asaltos, basura tirada, gente incapaz concebir la amabilidad y otras  tantas perlas de sabor amargo. Ante tal panorama, no se antoja abandonar las cobijas. Mucho menos si hace frío. Sin embargo, hay que hacerlo. Con una buena ducha, un lindo peinado y la mejor ropa uno puede contribuir a mejorar el aspecto general del exterior. Ser bello a pesar de todas las otras miserias que carguemos. Responder a la fealdad con el poderío estético que tengamos disponible, así sea tan solo para ir a la tiendita. El you are repressed. But you’re remarkably dressed llevado al esplendor. Nunca se sabe. Una presentación agradable puede cambiar tu día. Aumentar tus oportunidades de salvación ante el abismo que te rodea.

3. “The Way You Do the Things You Do” — The Temptations

Echa por la borda cualquier idea negativa que tengas de ti. Detén los reproches que solo consiguen tirarte a la tristeza. De nada sirve que te tortures. Mejora en lo que puedas, sí. Tan solo no te vuelvas un ser autodestructivo. Eso está pasado de moda. Queda muy mal andar con reproches interminables. Lo de hoy es sonreír. Tirarse piropos a uno mismo. Así que empieza a valorar lo que eres. Que sí, es cierto que no eres  presidente del país como aspirabas cuando eras niño. Tampoco has ganado los millones que tus sueños exigían. Ni siquiera has logrado la mitad de las cosas que te propusiste cuando aún eras optimista. Pero no te desanimes. Sigue en busca de cumplir tus objetivos (menos en el de ser presidente: lo vas a hacer fatal y nadie te va a querer) y al mismo tiempo pon atención a los detalles. Que seas malo en los deportes no quita que seas un maestro en el arte de abrir frascos de mermelada. Ni una sola vez has fallado. Lo mismo con tu habilidad para escuchar a los demás. Puede que estés lejos de escalar montañas, sin embargo, a tus amigos les encanta tomar un café contigo. Revisa con cuidado y verás que estás lleno de méritos. Es la manera en que haces las cosas que haces. Una forma particular que nadie más en el mundo puede igualar. Eres alguien imperfecto que nunca volverá a repetirse. Una persona única que bien merece un reconocimiento. Uno que puedes celebrar en tu honor con una copa de café. Una taza, quiero decir…

4.  “Nobody Like You” — Echobelly

Ya que los Temptations pusieron el tema sobre la mesa, conviene reforzarlo. Sí:  no hay nadie como tú. Haz caso, te lo dice Sonya Madan ni más ni menos. Cómo podrías ignorar a una voz tan contundente. Ella lo repite para que lo instales en la cabeza.  Evita decepcionarla y por una vez en la vida date el lugar que mereces. Alguien de tu categoría no puede quedarse todo el día encerrado entre cuatro paredes. Tienes que salir, mantenerte activo, conquistar las miradas de esquina de enfrente. Saca lo mejor que tienes e intenta. Cuando estás tirado solo produces lástima, aunque nadie más lo quiera admitir. Tómalo en cuenta antes de seguir con los lloriqueos en la cocina.

5. “For Once in My Life” — Stevie Wonder

En algún lugar hay alguien que te ama. Puede ser una amiga, un perro, un tío, un vagabundo que delira o un bebé al que hiciste reír sin darte cuenta. Así que deja de amargarte y actúa al nivel de lo que tienes. El cariño de alguien ya es suficiente como para  sobreponerte a cualquier síntoma de pereza. Y lo sé: acá pecamos de optimistas. Quizás el tuyo sea un caso diferente. Que a ti nadie te ama y no sé qué tanto. Pues igual. Aplica una actitud parecida. En nada ayuda rendirte. Imagina que alguien está loco por ti allá afuera. Deposita en ello el entusiasmo. O al menos pon el empeño suficiente para que alguien se enganche a ti algún día. Conviértete en alguien irresistible. Dale una patada al miedo y sigue el camino al que la vida te conduce. Ahí está el sonido motown.

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A continuación, un playlist que incluye las cinco canciones de arriba más tres pistas miniatura de relleno:

Cien motivos para no matarse

En la canción “Más de cien mentiras”, Joaquín Sabina menciona las razones por las cuales, a pesar de todo, no hay que cortarse de un tajo las venas. Se trata de un recorrido personal que a su modo ya había realizado Woody Allen en Manhattan (1977). Entre ambos mencionan a indispensables como Louis Armstrong, Groucho MarxCoppola y Fellini.

Con eso en mente, y para seguir lo que hizo una revista, me propuse a hacer mi propia versión. A continuación pongo cien cosas por las que creo que vale la pena vivir, sin importar lo pesimista que sea a veces. Los invito a realizar lo mismo desde sus propias trincheras. Acá vamos.

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1. La comida preparada por tu madre, tan exclusiva que nunca, nadie, la encontrará en ningún restaurante.

2. Los sencillos de los Smith.

3. Dos en la carretera con Albert FinneyAudrey Hepburn.

4.La tregua que ofrece tomar una siesta

5. Escuchar “Gymnopedie n.º 1 en una tarde lluviosa.

6. El gol relámpago del Real Madrid.

7. La promesa de que algún día visitarás el país de tus sueños. Termines haciéndolo o no.

8. Los Soprano, que contiene casi todas las lecciones indispensables de la vida.

9. Por el día en que descubres a los Beatles y esos meses subsecuentes en los que nada más importa.

10. Las novelas y artículos de Enrique Jardiel Poncela.

11. Los años en que corrías emocionado a ver los regalos en el arbolito de Navidad.

12. La escena final de Annie Hall. Y toda ella también.

13. Las piernas femeninas cubiertas por medias.

14. Los mejores momentos de Roger Federer.

15. Por el castillo que encontraste en las nubes.

16. El recibimiento que dan los perros, como si vinieras de salvar el universo.

17. Por esa última copa de vino que tomas nada más porque sí.

18. El capítulo cuatro de Watchmen.

19. El punto azul pálido comentado por Carl Sagan.

20. La comida italiana. Y la mexicana.

21. Salinger.

22. La sensación del primer beso.

23. Ese golpe de realismo implantado en la ficción llamado The Wire.

24. Los dibujos hechos por los niños.

25. Olvidarse de los quehaceres cuando se está en un hotel.

26. El primer trago de café por la mañana.

27. Las tímidas gotas que dan cierre a la tormenta.

28. El agua de coco, con esa frescura protegida al máximo por su envase natural.

29. El striptease de Sophia Loren a Marcello Mastroianni en Ayer, hoy y mañana.

30. La bendición de las abuelas.

31. Las duchas de agua caliente que se prolongan hasta llegar a la paz.

32. Los hot cakes con miel de maple.

33. Escuchar Kind of Blue antes de dormir.

34. Las caminatas sin rumbo que de algún modo liberan.

35. Esta mítica interpretación de “I’ve Been Loving You Too Long (To Stop Now)”.

36. La sensación de limpieza posterior al cepillado de dientes.

37. Las películas de Andrew McCarthy en los años ochenta.

38. Shenmmue II, lo más cerca que han estado los videojuegos de crear una obra de arte.

39. La fogata emocional de leer a Bukowski.

40. Despertar por la mañana y luego volver a dormir.

41. Esta obra de Valerio Adami:

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42. Gastarse los ahorros en unos zapatos de calidad.

43. El chocolate en todas sus presentaciones. Comerlo hasta sentir repulsión por uno mismo.

44. Abrazos que se extienden hasta que todo está bien.

45. Espiar a los pájaros a través de la ventana-

46. Un concierto de Bruce Springsteen.

47. El hazlo por ella de los Simpson.

48. Quitarse los zapatos y ponerse la pijama luego de un día pesado.

49. Las palabras emitidas por una boca bonita.

50. Claudia Gerini liderando una banda punk en La vespa e la regina.

51. Dar al fin con el perfume ideal.

52. La voz de Roy Orbison.

53. La escena de la pelea en el auto de La Dolce Vita. Todo un tratado de las relaciones de pareja en cinco minutos.

54. Exploraciones dentro de las librerías en las que se aguarda a que el libro sea  el que se tope con uno.

55. Ir solo a una cafetería y pedir un espresso (o un latte) antes de colonizar el mejor de los sillones.

56. El anuncio de Dior dirigido por Sofia Coppola.

57. Beber cerveza Guinness en un pub en donde suenan Oasis y Paul Weller.

58. Cenar un tazón de cereal frente a la televisión.

59. Las greguerías de Ramón Gómez de la Serna.

60. El gol de Maradona contra Inglaterra en el mundial del 86 que, en conjunto al relato de Víctor Hugo Morales, se convierte en algo así como en un poema del llanto. No importa en lo que ambos personajes se convirtieron después. Lo de esos minutos fue magia.

61. Las lecciones de Peanuts.

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62. La final de la Champions League de 2005 y recordar que hay que apretar hasta el último aliento. Aunque tus sueños sean golpeados una y otra vez. Walk on, walk on.

63. Ir a funciones de cine que están casi vacías.

64. La suave piel de las mujeres.

65. Mourinho y quizás la mejor frase de todos los tiempos.

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66. Desangrarse con la complicidad de Blood on the Tracks.

67. Los maratones de películas y series sin otra compañía que un bote de helado.

68. El pan recién hecho.

69. Catherine Deneuve, a cualquier edad.

70. El estilazo de Serge Gainsbourg que se sobrepone a todo. La filosofía del solo vine a decirte que me voy.

71. Los cerezos de Japón. Japón en general.

72. Soñar con personas que ya no están.

73. Decir no a oportunidades por las que otros se arrastrarían.

74. Hacer tonterías y no arrepentirse de ello.

75. Monty Python’s Flying Circus.

76. Mirarse al espejo. Encontrar que la imagen se ve bien.

77. Deambular de SeinfeldLouie. Todo Ricky Gervais. Curb Your Enthusiasm también.

78. Recordar, al fin, algo que tenías en la punta de la lengua.

79. Cuando de la nada, en la radio empieza a sonar justo la canción que necesitabas escuchar.

80. Mirar el cajero y descubrir que tienes más dinero del que esperabas.

81. Hacer reír a los demás.

82. El alivio de despertar luego de una pesadilla.

83. El legado de Studio Ghibli.

84. Los fuegos artificiales que irrumpen en la noche.

85. La guitarra que Robin Guthrie trajo de algún sueño.

86. Recibir y enviar paquetes por correo tradicional.

87. Esa prenda que está justo a tu medida.

88. Las palomitas de maíz que venden en los cines. Por mucho que cuesten más de lo que deberían.

89. Tomar un baño en una tina con música y velas. Y leer algún libro. Entrar así a otra dimensión.

90. Los diseños que Criterion Collection pone en sus portadas.

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91. Leslie Nielsen en The Naked Gun y John Candy en Uncle Buck.

92. El cabello de Alain Delon.

93.  Ian Rush, Fausto CoppiGiacinto Facchetti.

94. Las películas de Steve McQueen. El actor, claro está.

95. Esa persona interesante que nunca podrás conocer.

encantadoraLa foto es de Andrew Miksys.

96. Lo que decía el gran Brian Clough: no me envíes flores cuando esté muerto, si me quieres, mándalas mientras estoy vivo.

97. Las palabras de Rocky Balboa a su hijo.

98. El gatito durmiente de Sarah Donner.

99. Las chicas  que todavía usan vestidos.

100. Julie Delpy cantando al final de Before Sunset.

 

Cinco superhéroes basados en canciones

Los superhéroes son la fascinación de los niños. Cómo no iban a serlo si están conformados por una serie de elementos que los alejan de los grises humanos corrientes. Trajes llamativos, poderes especiales y nombres mucho mejores que los que dominan las actas de nacimiento. Porque no nos engañemos, Batman tiene mucho más estilo que Carlos, y Hulk tiene un atractivo con el que Gerardo jamás podrá competir. Ni hablar, nuestros padres son crueles y optan por las alternativas aburridas que tenemos que llevar a cuestas el resto de nuestras vidas.

Lo mejor de los personajes de ficción es que logran despertar la ilusión. Hacen soñar a los espectadores. Después de verlos, la idea de volar se vislumbra de tal forma que es posible imaginar que nosotros somos capaces de hacer lo mismo con la ayuda de una franela a modo de capa. Somos Flash mientras corremos en el recreo y, si nos estiramos para alcanzar una moneda, podemos ser los sucesores del Hombre Elástico por un rato.

Por desgracia la oferta de superhéroes es limitada. Por lo que se echan en falta nuevas alternativas. Los aficionados a leer cómics dirán que existen al menos 749 opciones en el mercado, pero la mayoría de ellas rayan en lo ridículo. Nadie quiere ser la Hormiga Atómica ni ser el gran Chico que Rebota.

No. Queremos verdaderos portentos que inspiren respeto en los alrededores. Paladines de la justicia que intimiden a cualquier villano que se cruce por el camino. Y como los guionistas de cómics necesitan un poco de ayuda, qué mejor que recurrir a la música para traer una generación fresca de superhéroes.

Sí, ciertas canciones llevan componentes capaces de formar a monstruos de ficción. Algunas de forma directa, otras con algún atisbo apenas. Lo genial es que consiguen moldear a seres extraordinarios como los que salen en las películas y que bien podrían salvar (o destruir) a la humanidad si se presentara la ocasión.

A continuación presento cinco propuestas de superhéroes basadas en letras de canciones. Den clic en los títulos para poder escucharlas en youtube.

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1. Sugar Man (Rodriguez)

La cursilería debilita a cualquiera. Sugar Man lo sabe, y por eso se encarga de endulzar a sus enemigos hasta llevarlos a un colapso. Para sus ataques emplea múltiples artimañas: cartas con corazoncitos, serenatas y besos en la frente hasta que los rufianes se rindan. La ofensiva es infalible ya que, para reforzar la estrategia, desde su boca puede arrojar cascadas de azúcar que sepultan a quienes opongan mayor resistencia. Su especialidad es vencer a los amargados, aunque puede entrar en aprietos si se le repele con baldes de agua fría.

2. Charmless Man (Blur)

Charmless Man, como puede adivinarse, no tiene ningún encanto ni tampoco cuenta con un poder especial. Todo en él corresponde a un tipo aburrido. El que lo encuentre en la calle pensaría que se trata de un cualquiera… y de cierto modo lo es. Pero no se equivoquen, lo que parece ser su debilidad, es más bien un punto que juega a su favor. Charmless Man es un especialista para las misiones de espías. Ideal para operaciones encubiertas, su aspecto es tan intrascendente que ningún empleado de seguridad le presta atención. Gracias a ello, puede escabullirse sin problemas por áreas restringidas y llegar hasta el núcleo de las corporaciones malignas que buscan conquistar al universo. Una vez instalado ahí, le bastará con usar un arma láser para eliminar a todos aquellos que no consideraron que pudiera ser alguien de peligro.

3. Black Crow (Joni Mitchell)

Black Crow te confunde. Pasa de un árbol a otro y te hace creer que es un ave. Le ayuda su diminuto tamaño y una nariz que parece ser un pico. Así se gana tu confianza. Parece un cuervo indefenso que necesita un poco de carroña para sobrevivir. Es ahí cuando muchos caen en la trampa. Sacan un plato de comida para alimentar a ese pobre pájaro desnutrido que al final resulta ser un asesino despiadado que te saca los ojos. Tal cual. Ni siquiera te da tiempo para que lo críes. Va directo por tu carne. Y como es un glotón, toma como guarnición eso que le habías llevado para que desayunara. Sin remordimiento.

4. The Laughing Gnome (David Bowie)

Alguien que te hace reír puede ganarse tu cariño. El humor abre las puertas del corazón. Sin embargo, hay que tener cuidado.  Hay un gnomo que se aprovecha de ello. Un pequeño viejito que cuenta chistes a sus enemigos hasta que se retuercen de la risa. Su repertorio de bromas es tan amplio que puede debilitar hasta al más serio de los hombres. Lo espeluznante es que el enano también suelta carcajadas: no para de reír. Se ríe de sus propias ocurrencias a un volumen tan alto que destruye los tímpanos de las cercanías. Su modo de actuar es espeluznante ya que lleva a las víctimas del regocijo a la desesperación de no saber cómo contener lo que les ocurre. Un rival temible del que conviene escapar, aunque, todo sea dicho, varios comediantes mexicanos podrían aprender un bastante de él.

5. River Man (Nick Drake)

Un día soleado en el que el río te cubre con la calidez de su corriente. Los pájaros cantan desde un árbol donde parecen adivinar tu regocijo. Aprovechas para nadar. También flotas sin pensar en mucho excepto por el olor de la tierra y de las flores que llega hasta ti. Este río que acabas de descubrir no es como ningún otro. Se mueve tan lento que se asemeja a tu forma de ser. Deseas estar solo, que nadie más entre ahí. Te asqueas al pensar que cualquier día alguien podría llegar al lugar en el que tú estás… para lavar ropa. Ojalá que no. Eso es un sitio sagrado. Es la primera vez que vas y ya te has prometido a ti mismo volver a diario hasta el final de tu historia. Y lo harías, si no fuera porque un ruido interrumpe la tranquilidad. Es el agua que sube hasta formar una torre que cae sobre ti con todo y una montaña de piedras. Una nueva víctima de River Man es llevado por la corriente para no volver jamás.

catherine deneuve