En contra de la pizza hawaiana

La corrección política ha conseguido que las atrocidades campen a sus anchas con total impunidad. Un sector de la población camina con el temor de denunciar prácticas que deberían ser condenadas sin miramientos ya que esto podría llevarlos a ser tachados de intolerantes por una manada de inspectores que lo permiten todo en un afán secreto de destruir lo que en otrora fue la época dorada de la cultura.

Varios personajes y distintas conductas se han aprovechado de la situación para imponerse dentro de la sociedad. Lo hacen de una manera tan intensa que lo espantoso acaba por verse con condescendencia y como si fuera normal, cuando lo justo sería que la barbarie desapareciera de un plumazo y para siempre de la historia humana.

Quizás el caso más significativo de la cruzada anti-finura sea el de la pizza hawaiana. Desde su creación, ideada por científicos enfermos que buscaron destruir a occidente desde adentro, de algún modo se las ingenió para ganar terreno en  las preferencias de la gente a pesar de ser, digámoslo claro, una salvajada gastronómica.

Algunos lectores saltarán de su asiento para decir que la pizza hawaiana no está tan mal. Dirán que existen cosas peores de las cuales quejarse y que dedicar un texto a lanzar una diatriba contra un simple platillo es una muestra de frivolidad. Nada más lejano de la sensatez. Por culpa de mentalidades tan livianas como la de ustedes es que la pizza hawaiana  ha logrado apoderarse de la modernidad. Nadie le ha puesto un alto. Y si bien alguna vez existió un valeroso grupo de resistencia que denunciaba la presencia de semejante bodrio culinario, con el paso de los años este se ha debilitado hasta quedar en ruinas.

En la actualidad vociferar contra la pizza hawaiana se ha vuelto de mal gusto y lo condena a uno al ostracismo social. Y debería ser al contrario. La ironía ataca de nuevo: el mundo al revés en el que estamos sumidos hasta el mareo.

Combinar piña y jamón es ya de por sí un asunto que revuelve el estómago, sin embargo al involucrar a un plato tan noble —como es la pizza— la ofensa se vuelve mayor. La ordinariez no tiene respeto por lo sagrado e invade con su manto pestilente cuanto lugar le sea posible. Si no ofrecemos resistencia, pronto veremos otros sacrilegios. ¿Se imaginan un taco hawaiano? Tortilla de maíz rellena de queso, jamón y piña que harían revolcar a nuestros ancestros desde sus respectivas tumbas. No, no podemos dejarlos. Aparten sus sucias manos de nuestra comida.

La pizza hawaiana, por cierto, no es de Hawaii. Sus orígenes al parecer se encuentran en Alemania, país acostumbrado a legar lo mejor y lo peor del siglo XX. De esto se supo hasta hace no mucho, cuando el alcalde de Honolulu inició una campaña para deslindar al archipiélago de cualquier implicación en la invención de dicha variante de pizza. Temeroso de que la imagen de su territorio se viera mancillada, procedió a rechazar las acusaciones que pesaban sobre un lugar que tenía fama de paradisíaco. La pizza hawaiana era lo único que alejaba a Hawaii de la perfección, de modo que la acción conjunta de funcionarios culturales, económicos y diplomáticos fue vital para salvaguardar el prestigio de uno de los mayores atractivos geográficos que existen en el Pacífico. Pese a los esfuerzos, la campaña “Stop ham and pinepple” (“Aole au e olelo aku i pizza me ka hama a me pineapple” en hawaiano) tuvo alcances limitados. Mucha gente todavía asiste a la isla con la intención de probar un platillo típico que nunca lo fue, aunque algunos pobladores han lucrado con el malentendido bajo una dinámica de venta de ropa y sombreros que ha potenciado la economía de la localidad.

Tocar el tema de la pizza hawaiana trae complicaciones. Es una cuestión polémica que puede herir susceptibilidades y traer consecuencias para quien se atreva a oponerse al consumo de semejante engendro. Hacerlo implica echarse encima a millones de admiradores y a un lobby de poderosos que a lo largo de las últimas décadas ya ha silenciado a quienes se atreven a criticar a su alimento preferido. Basta recordar el caso de Xavi Stokes, un joven empresario barcelonés que en 1994 vio arruinado su local de comida rápida luego de negarse a vender pizza hawaiana dentro de sus instalaciones. “En el negocio de mis abuelos no va entrar esa basura“, dijo a los medios de comunicación, poco antes de aparecer muerto en circunstancias sospechosas. El cadáver del pobre hombre fue encontrado en una bodega con rodajas de piña metidas en las cavidades oculares. Aquello era una señal. Una amenaza velada. Desde entonces nadie en Cataluña se ha atrevido a cerrar las puertas a la pizza hawaiana por temor a recibir castigos similares a cuenta de la mafia en el poder.

Igual no todo es obscuro. Me consta que existe gente noble entre los consumidores de pizza hawaiana. A varios de ellos los estimo y algunos incluso pertenecen a mi familia. Esto no impide que mire el fenómeno de manera objetiva y pueda concluir que todos ellos merecen ser condenados a la pena capital, con el aseguramiento previo de que ninguno de ellos haya dejado descendencia.

Ante el ambiente de depravación al que estamos sujetos, no queda otra que tomar medidas severas. Y hay que hacerlo de manera urgente, antes de que una raza alienígena  venga a darse cuenta de lo bajo que hemos caído como especie. Es necesario instalar un plan de contingencia a escala global, pero antes se deberá promover un proyecto sólido en la agenda de las mayores cumbres de política internacional. Ha llegado el momento en el que los Caballeros del Pepperoni se unan para plantar cara al eje del mal.

Cierro con una confesión: alguna vez yo fui consumidor de pizza hawaiana. En los alocados años noventa, cuando la vida era rebelión y desenfreno. Era común que en las fiestas infantiles aparecieran estos personajes: niños que surgían de entre la sombras con sus ojos rojos para preguntar “¿quieres darle una mordidita?” mientras extendían la mano para ofrecerte un triángulo de pan con queso, piña y jamón encima. A veces uno aceptaba la oferta, presa de la emoción, aunque tarde o temprano acababas por darte cuenta de las consecuencias. Al degenere había que decirle que no.

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Edición de poemario desata conflicto ecológico y diplomático para México

La edición del poemario Mecanismos de la tierra, obra del escritor Jean Pereira, ha creado una crisis a varios niveles para México. Por una parte, en el aspecto ecológico, y por la otra, en los entornos de la diplomacia. La llegada a este aprieto se fraguó hace apenas unos meses, cuando una pequeña editorial decidió lanzar al público el debut literario del ya mencionado artista mexicano que, a sus apenas 28 años, ha causado revuelo internacional.

A simple vista el libro parece inofensivo. Cuenta con 130 páginas, medio centenar de poemas, y una portada en la que destaca la presencia de una sirena. Nadie se alteraría por un producto así, máxime si en su interior no se incluye ninguna apología al terrorismo ni se enaltecen causas vinculadas a la segregación racial. No, la mayoría de los poemas versan, como en tantos otros volúmenes, sobre los astros, las vida silvestre  y las pasiones humanas. ¿De dónde viene entonces la agitación?

Resulta ser que el poemario ha sido calificado como contaminación visual por la Liga Nacional de Protección al Ambiente (LNPA), cuyos representantes (una serie de organizaciones dedicadas a la defensa de la flora y fauna) han señalado que el contenido del libro pone en peligro la armonía estético-visual de cualquier sitio en que se exponga. La mala noticia es que el sistema de clasificación de la basura no está preparado para una anomalía de tales proporciones, por lo que una eventual eliminación de esta colección de poemas traería bastantes complicaciones. En adición a ello, el Colegio de Oculista de la Sierra Madre ha manifestado que la exposición prolongada a  los textos de Jean Pereira podrían causar daño irreversible en el primer tramo del nervio óptico, según han indicado pruebas realizadas en un conjuntos de ratones que acabaron ciegos luego de verse sometidos a dosis de ocho versos en ayunas.

Un problema extra es el de la conformación mismas de los poemarios. Amantes de la botánica insisten en que los árboles preferirían ser transformados en rollos de papel higiénico antes que acabar mancillados por una serie de estrofas cuyo movimiento deambula entre los ripios y el erotismo mal entendido. El desperdicio de recursos naturales es un asunto delicado, como señalan las normas jurídicas que se le relacionan, de ahí que la tala de árboles deba administrarse con un gran sentido de ética, evitando desperdiciar elementos que en su estado natural bien pudieron darle cobijo a una familia de ardillas.

La casa editorial Piso de Cuarta  se ha defendido bajo el supuesto de que la edición del libro consta de una tirada que no supera los mil ejemplares. Sin embargo, los especialistas afirman que basta con apenas un par de copias para derrumbar ecosistemas enteros, así como para causar daños de salud en comunidades de escasos recursos que no tiene acceso a atención especializada. Algunos voluntarios que han leído fragmentos de la obra de Jean Pereira han reportado sufrir náuseas y vómitos, así como espasmos que los impulsan a arrojarse del balcón para acabar con el suplicio.

La noticia ha dejado de ser local. Los primeros Estados en mostrar su preocupación al respecto han sido Estados Unidos, Guatemala y Belice que, al compartir frontera con México, temen que estos libros se filtren  dentro de su territorio. La cancillería mexicana ha tenido que salir al paso de las llamadas de protesta, comprometiéndose  a reforzar la seguridad en los límites del país para evitar la propagación de esta epidemia literaria que amenaza con amilanar el ya de por sí endeble  interés de los jóvenes por la lectura.

El conflicto  trasciende a cualquier barrera y orientación política. La amenaza que supone la carrera de Jean Pereira es ya tema de alarma en instancias internacionales y se prevé que se aborde el tema en la próxima Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas en la búsqueda de una salida multilateral. Por ahora ya se han tomado algunas medidas preventivas:  la traducción de Mecanismos de la tierra  está prohibida en más de 20 idiomas y media docena de autores han decidido retirarse de la escritura para no ser colegas de alguien como Jean Pereira. Del otro lado de la moneda están los oportunistas que buscan lucrar con el fenómeno:  se comenta en algunos círculos que el cineasta iraní M. Sight Chichalaman se ha asegurado ya los derechos del libro para un proyecto cinematográfico del género de horror.

No obstante, algunos voces coinciden en que el caso se ha magnificado. El antropólogo Juan Clop recalca que la situación se encuentra bajo control y ha lanzado unas palabras de tranquilidad para quienes temen a una segunda edición de Mecanismos de la tierra: “El riesgo de que eso suceda es menor, por no decir que inexistente. La industria editorial se mueve según las lógicas del mercado y la evidencia indica  que  Jean Pereira es un pobre diablo cuyas ventas se limitan a las adquisiciones de compromiso que realizan sus amistades, más  la veintena de volúmenes que ha reservado su abuela para repartir entre sus compañeras del bingo. Por lo demás, solo habría que tener cuidado ante un posible efecto de morbo, con el cual muchos curiosos podrían adquirir la obra con la intención de tentar la suerte y burlar al destino“.

En días recientes un misterio se ha sumado al festín: el desconocimiento del paradero de Jean Pereira. Nadie sabe dónde está. Decenas de periodistas se pelean por entrevistar al hombre del momento y ninguno logra dar con él. Según las últimas versiones, el joven poeta se ha exiliado en Sudamérica para alejarse del escándalo. Su familia se niega a revelar la ubicación exacta en la que se encuentra. “Mi hijo volverá, ténganlo por seguro“, se limita a decir la madre del muchacho.

El contenido de Mecanismos de la tierra queda como reflexión. Es una leyenda. Quienes lo han leído quedan trastocados de algún modo u otro. A los demás, los que evitamos el contacto, nos queda la especulación, el misterio. ¿Qué contendrá ese objeto que ha desequilibrado al ecosistema y que ha causado daños irreparables en sus lectores? Difícil saberlo. Hasta la fecha sólo se sabe de un lector que ha salido indemne de la experiencia. Se trata de un anciano nacido en Chihuahua que logró leer varias sílabas de Jean Pereira sin sufrir ningún efecto adverso. “Creo que las cataratas me protegieron. No veía muy claro, pero juro que vi unas letras. Hablaban de semillas, semillas de luz. Mencionaba a un cascabel en tus piernas“.

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Qué hacer en una sala de espera

Las salas de espera están planeadas con el objetivo de que pierdas los nervios. Una conjura internacional ideada para hacerle la vida imposible a esos bichos conocidos como clientes. Los médicos, psicólogos y los dentistas lo tienen claro. No basta con tener un título para impresionar a la muchedumbre. Hace falta un pincelazo extra. Y nada mejor para darse importancia que aumentar la expectación a través del tiempo perdido. Las estrellas de rock lo saben. A ellos les encanta salir tarde en los conciertos. Son maestros en llevar las emociones al límite. De ahí partió la tendencia que después llegó a los consultorios y a otros lugares de servicio (los autolavados, por ejemplo), aunque con resultados terribles. La transferencia conceptual cometió el error de no considerar un aspecto crucial. No es lo mismo aguardar a un concierto que estar a la espera de que un sádico dentista vaya a extraerte una muela. En el primer caso hay ilusión, ansia por ver lo que soñaste durante años. Por el otro lado, hay temor y nerviosismo ante la perspectiva de que tu dentadura vaya a ser violentada por un tipo loco que cuenta con un arsenal de herramientas filosas.

En este sentido, las salas de espera se convierten en una tortura. La incomodidad hace su aparición estelar junto a la tensión y un creciente lamento por haber nacido. Del pesar no se salvan ni las personas ecuánimes que, si bien podrán controlar los impulsos, tendrán que lidiar con el aburrimiento. Estar sentado durante media hora (o más) sin mayor alternativa que guardar silencio se presenta como un plan que saca de quicio a cualquiera.

Seguro que has pasado a un calvario similar. Una penuria que no se le desea a nadie y que, sin embargo, puede combatirse con una serie de pasos. En efecto: pese a lo que se ha mencionado, hay un conjunto de medidas que ayudan a sobrellevar la desgracia. Las comparto a continuación para las adopten en su próxima visita a un lugar del infierno.

***

1. Toma asiento en el lugar más apartado de todos. La comodidad será mayor si no tienes a nadie a un lado. Estarás más tranquilo, no vaya a ser que alguien quiera entablar una conversación contigo. Imagínate.

2. Cruza las piernas.

3. Descruza las piernas.

4. Vuelve a cruzar las piernas.

5. Descruza las piernas.

6. Repite la operación una docena de veces.

7. Suelta un carraspeo aunque no lo necesites.

8. Rasca alguno de tus codos.

9. Lanza un suspiro como si estuvieras en medio de una reflexión importante.

10. Piensa en un par de calcetines. Tus favoritos.

11. Ah, que sí. Traes tu celular. Échale un vistazo.

12. No prende. Lo traes con la batería descargada. Tenía que pasarte justo este día.

13. Tampoco te alteres. Hay vida más allá del teléfono. Mira, una mosca se está pegando contra el foco del techo.

14. Je. una mosca.

15. Ponte de pie. Estira un poco las piernas. Da unos pasos por ahí y por allá.

16. Dios, desde cuándo la actividad física se volvió tan pesada. Mejor vuelve a tu asiento. No estamos para maratones.

17. Revisa tus bolsillos. Nunca se sabe, a lo mejor traes un juego de mesa con el cual puedes divertirte un rato.

18. Pues no. No hay ningún juego de mesa en tus bolsillos. Salvo que te animes a improvisar un backgammon con la liga y el papelito que traes.

19. Ve al baño. Nada como ir al baño para quemar varios minutos.

20. El baño está fuera de servicio. Bien. El destino está poniéndotelo difícil.

21. Olvida lo del aislamiento. Es hora de que le hagas plática a alguien. Prueba con la recepcionista.

22. Habla con ella sobre el clima. A la gente le fascina hablar sobre el clima. Es el tema más divertido y apasionante de todos.

23. Como que a ella no le entusiasmó hablar mucho sobre lo gris que ha estado el cielo. Es posible que la presión laboral la haya dejado amargada.

24. Cambio de planes. Toma una de las revistas que hay en la mesa de centro. Tienen un ejemplar de Mundo equino con una sola rasgadura en la portada.

25. Cómo harán los caballos para tener semejante cabellera. Ya quisieras tú. Considera incluir heno y alfafa en tu dieta.

26. Suficiente de caballos. Toma otra revista. Es momento de enterarse de lo último en el mundo de la farándula… de 1997.

27. A quién quieres engañar. No quieres leer. Estás cansado, desearías estar en casa acompañado de un perro que te diera la patita.

28. Cierra los ojos. Nadie se molestará si tomas una siesta. Al cabo que ni roncas.

29. Eso es, poco a poco abandonas la conciencia. Un campo lleno de flores te espera del otro lado.

30. Tu cuerpo ha entrado en un estado de relajación. Felicidades. Todo será más sencillo a partir de ahora.

31. Qué lind…o es.. do…r..mir…

32. ¡ESPERA! Creo que la secretaria te habla. Abre los ojos.

33. Ah, no. No te hablaba a ti. Perdón, intenta volver a dormir.

34. ¿Cómo que ya no puedes? Lo siento, nunca quise arruinarte la existencia.

35. Te iba a decir que fueras a la máquina expendedora por algo de comer, pero con la suerte que traes lo más seguro es que el aparato te juegue una estafa.

36. Pregúntale a la secretaria que cuánto tiempo falta para que te pasen. Ella responderá: “en un momento”, lo cual puede equivaler a unas cuatro horas. Así que no te emociones.

37. Mira por la ventana. Qué bonito es todo allá afuera. Los jardines, las bancas, el cantar de los pájaros. Y tú encerrado en una habitación en donde nadie te quiere.

38. Pero no llores. Vas a hacer el ridículo.

39. Ya sé. Amárrate las agujetas. Tienes que dar la impresión de ser un hombre ocupadísimo.

40. Y todo por no cargar con un libro. Tan bonita que es la lectura y el pasar de las páginas.

41. Mira el reloj. Descubre que solo han pasado ocho minutos desde que llegaste.

42. Controla el ataque de pánico. Dile a la secretaria que te sientes indispuesto y que si puede cambiar la cita para otro día.

43. Tienes que pagar aunque no pases a consulta. Pues hazlo. El dinero está para despilfarrarse a la menor provocación.

44. Ya remediarás tu dolor de muela con un palillo. Es mucho peor tener que esperar.

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Un ave le sonríe a Brigitte

A continuación, la historia alternativa detrás de cuatro fotografías.

***

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En los años cuarenta los muchachos salían a ligar en compañía del perro. Era una costumbre muy arraigada. Tanto así que las mascotas eran quienes tenían la última palabra sobre el futuro de la pareja. Ellos inspeccionaban al pretendiente y luego de una serie de miradas y olfateadas daban el veredicto. Un ladrido significaba que no, que esa persona no era de fiar. Entonces los dos involucrados se daban la mano y se despedían para siempre. Aquello no iba a funcionar. Pero si el perro ladraba dos o más veces (entre más lo hiciera, mejor), significaba que el chico o chica en cuestión tenía el aval canino. Era así, y solo así, cuando podía procederse con la invitación al cine o a tomar un helado. De lo único que había que cuidarse era de los posibles sobornos. Hasta los animales más fieles podían ver nublado su juicio ante la oferta de una porción de tocino.

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La de arriba es una fotografía que encierra uno de los mayores misterios en la historia de la humanidad. En apariencia parece una toma común y corriente, como tantas otras en las que aparece Brigitte Bardot. Pero si uno se fija, se revelan un par de detalles de especial interés. Me refiero, desde luego, a los dos hombres que se encuentran ahí. Uno de ellos, de mediana edad, lleva una boina y zapatos sucios. El otro es un anciano que parece contar con buena salud. Hasta ahí todo perfecto. Dos seres ordinarios sin mayor gracia. Sin embargo, basta prestar atención a sus miradas para comprender por qué la fotografía esconde uno de los enigmas más intrigantes del siglo XX. Sí, como pueden apreciar luego de un análisis riguroso, ninguno de los dos está mirando a Brigitte Bardot.

Aquello era inédito para la época. Cada que la francesita pasaba por algún sitio, atraía los ojos de propios y extraños. Sobre todo del lado masculino. El momento captado por esta imagen representa la primera ocasión en que sucedió un fenómeno semejante (y que no se repetiría hasta 1998, con una Brigitte de 64 años ya en etapa crepuscular); algo que durante décadas ha levantado especulaciones en el ámbito periodístico y de las ciencias. Algunos ufólogos mantienen la teoría de que esas dos figuras no son humanas, sino que se tratan de extraterrestres infiltrados pertenecientes al planeta RIA-334. Eso explicaría su indiferencia ante una mujer linda. No obstante, hay dudas al respecto. Esa idea, por ejemplo, resulta inverosímil si tomamos en cuenta que el tipo de la izquierda lleva en la mano un cigarrillo Lucky Strike, de venta únicamente en el planeta Tierra. Aun así, se trata de la versión más aceptada. Igual que esa otra que se apoya también en  el mismo hombre. Hay quienes argumentan que trata de un fetichista de los pies, y que su mirada baja no apunta hacia el suelo, sino al empeine de la jovencita. De cualquier modo, no puede asegurarse si esto es cierto o no .De hecho hasta parece tener los ojos cerrados.

La duda persiste hasta transformarse en leyenda. Una estampa histórica que es interesante recordar. En especial en temporada de frío.

john lennon

Allá por 1963, John Lennon contempló la idea de dejar a The Beatles para formar un cuarteto junto a tres burros de ascendencia mexicana. Al final el proyecto no se concretó por la negativa del granjero a quien pertenecía la carta de los animales. Como un representante feroz, manifestó que los burros se quedaban con él. Los necesitaba para que se comieran la hierba de su jardín y para que transportaran jarrones de agua necesarios para preparar caldos de pollo. Fue así como el sueño se terminó. Lo demás es historia que ya conocemos. John Lennon acabó en la cima junto a sus compañeros de Liverpool. Aunque, como mencionan algunos biógrafos, nunca logró superar la ruptura con esos tres viejos tipos de orejas grandes y cuatro patas que tan simpáticos le caían.

La fotografía es de Dezo Hoffman, durante uno de los pocos ensayos que alcanzaron a ocurrir.

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Hay costumbres que por desgracia se han perdido con el paso del tiempo.

A mediados del siglo pasado, cuando una persona quería encender un cigarrillo, llamaba por teléfono al servicio de Cuervos con flamas. En menos de cinco minutos un ave llegaba al domicilio con un palito para auxiliar en la tarea. Claro, en ese entonces ya existían los cerillos y los mecheros, pero en las altas esferas se prefería el ritual de los pájaros, un sello de distinción que inició en Francia para luego extenderse por Europa y Estados Unidos. El servicio nunca llegó a México y los demás países Latinoamérica. Los cuervos se negaban a trabajar en países de clima cálido ya que, sumado al propio fuego que se veían obligados a cargar, un ambiente de alta temperatura podía afectar su plumaje. De cualquier forma hay algunos documentales para cualquiera que quiera saber más al respecto. Uno de mis favoritos es La negrura respira humo de Jean Blatiché, en donde se describen las penurias que ocurrieron en los inicios del negocio. Muchas cotorras, luego de ver el éxito de la dinámica, intentaron crear su propia franquicia, pero fracasaron. Esto las llevó a tomar medidas violentas, como la organización de picoteos masivos a cuervos que agarraban aislados. Lo anterior, sumado a una serie de problemas de índole logístico, causó la quiebra de Cuervos con flamas allá por el verano de 1968. Quedan el registro fotográfico y los recuerdos de muchas personas que echan de menos la ayuda de un plumífero a la hora de arruinarse los pulmones. Winston Churchill llegó a declarar que los puros (sus amados Romeo y Julieta) le sabían diferente bajo este método y una de las cosas que hizo antes de morir fue heredar una esmeralda a George, el ave que le dio sus servicios durante casi una década.

Mucho se ha especulado sobre un posible regreso de la marca. Un empresario español intentó fundar hace años un negocio similar. Las asociaciones de protección animal se lo impidieron.

La única certeza es que nos queda la memoria.

 

Cinco superhéroes basados en canciones

Los superhéroes son la fascinación de los niños. Cómo no iban a serlo si están conformados por una serie de elementos que los alejan de los grises humanos corrientes. Trajes llamativos, poderes especiales y nombres mucho mejores que los que dominan las actas de nacimiento. Porque no nos engañemos, Batman tiene mucho más estilo que Carlos, y Hulk tiene un atractivo con el que Gerardo jamás podrá competir. Ni hablar, nuestros padres son crueles y optan por las alternativas aburridas que tenemos que llevar a cuestas el resto de nuestras vidas.

Lo mejor de los personajes de ficción es que logran despertar la ilusión. Hacen soñar a los espectadores. Después de verlos, la idea de volar se vislumbra de tal forma que es posible imaginar que nosotros somos capaces de hacer lo mismo con la ayuda de una franela a modo de capa. Somos Flash mientras corremos en el recreo y, si nos estiramos para alcanzar una moneda, podemos ser los sucesores del Hombre Elástico por un rato.

Por desgracia la oferta de superhéroes es limitada. Por lo que se echan en falta nuevas alternativas. Los aficionados a leer cómics dirán que existen al menos 749 opciones en el mercado, pero la mayoría de ellas rayan en lo ridículo. Nadie quiere ser la Hormiga Atómica ni ser el gran Chico que Rebota.

No. Queremos verdaderos portentos que inspiren respeto en los alrededores. Paladines de la justicia que intimiden a cualquier villano que se cruce por el camino. Y como los guionistas de cómics necesitan un poco de ayuda, qué mejor que recurrir a la música para traer una generación fresca de superhéroes.

Sí, ciertas canciones llevan componentes capaces de formar a monstruos de ficción. Algunas de forma directa, otras con algún atisbo apenas. Lo genial es que consiguen moldear a seres extraordinarios como los que salen en las películas y que bien podrían salvar (o destruir) a la humanidad si se presentara la ocasión.

A continuación presento cinco propuestas de superhéroes basadas en letras de canciones. Den clic en los títulos para poder escucharlas en youtube.

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1. Sugar Man (Rodriguez)

La cursilería debilita a cualquiera. Sugar Man lo sabe, y por eso se encarga de endulzar a sus enemigos hasta llevarlos a un colapso. Para sus ataques emplea múltiples artimañas: cartas con corazoncitos, serenatas y besos en la frente hasta que los rufianes se rindan. La ofensiva es infalible ya que, para reforzar la estrategia, desde su boca puede arrojar cascadas de azúcar que sepultan a quienes opongan mayor resistencia. Su especialidad es vencer a los amargados, aunque puede entrar en aprietos si se le repele con baldes de agua fría.

2. Charmless Man (Blur)

Charmless Man, como puede adivinarse, no tiene ningún encanto ni tampoco cuenta con un poder especial. Todo en él corresponde a un tipo aburrido. El que lo encuentre en la calle pensaría que se trata de un cualquiera… y de cierto modo lo es. Pero no se equivoquen, lo que parece ser su debilidad, es más bien un punto que juega a su favor. Charmless Man es un especialista para las misiones de espías. Ideal para operaciones encubiertas, su aspecto es tan intrascendente que ningún empleado de seguridad le presta atención. Gracias a ello, puede escabullirse sin problemas por áreas restringidas y llegar hasta el núcleo de las corporaciones malignas que buscan conquistar al universo. Una vez instalado ahí, le bastará con usar un arma láser para eliminar a todos aquellos que no consideraron que pudiera ser alguien de peligro.

3. Black Crow (Joni Mitchell)

Black Crow te confunde. Pasa de un árbol a otro y te hace creer que es un ave. Le ayuda su diminuto tamaño y una nariz que parece ser un pico. Así se gana tu confianza. Parece un cuervo indefenso que necesita un poco de carroña para sobrevivir. Es ahí cuando muchos caen en la trampa. Sacan un plato de comida para alimentar a ese pobre pájaro desnutrido que al final resulta ser un asesino despiadado que te saca los ojos. Tal cual. Ni siquiera te da tiempo para que lo críes. Va directo por tu carne. Y como es un glotón, toma como guarnición eso que le habías llevado para que desayunara. Sin remordimiento.

4. The Laughing Gnome (David Bowie)

Alguien que te hace reír puede ganarse tu cariño. El humor abre las puertas del corazón. Sin embargo, hay que tener cuidado.  Hay un gnomo que se aprovecha de ello. Un pequeño viejito que cuenta chistes a sus enemigos hasta que se retuercen de la risa. Su repertorio de bromas es tan amplio que puede debilitar hasta al más serio de los hombres. Lo espeluznante es que el enano también suelta carcajadas: no para de reír. Se ríe de sus propias ocurrencias a un volumen tan alto que destruye los tímpanos de las cercanías. Su modo de actuar es espeluznante ya que lleva a las víctimas del regocijo a la desesperación de no saber cómo contener lo que les ocurre. Un rival temible del que conviene escapar, aunque, todo sea dicho, varios comediantes mexicanos podrían aprender un bastante de él.

5. River Man (Nick Drake)

Un día soleado en el que el río te cubre con la calidez de su corriente. Los pájaros cantan desde un árbol donde parecen adivinar tu regocijo. Aprovechas para nadar. También flotas sin pensar en mucho excepto por el olor de la tierra y de las flores que llega hasta ti. Este río que acabas de descubrir no es como ningún otro. Se mueve tan lento que se asemeja a tu forma de ser. Deseas estar solo, que nadie más entre ahí. Te asqueas al pensar que cualquier día alguien podría llegar al lugar en el que tú estás… para lavar ropa. Ojalá que no. Eso es un sitio sagrado. Es la primera vez que vas y ya te has prometido a ti mismo volver a diario hasta el final de tu historia. Y lo harías, si no fuera porque un ruido interrumpe la tranquilidad. Es el agua que sube hasta formar una torre que cae sobre ti con todo y una montaña de piedras. Una nueva víctima de River Man es llevado por la corriente para no volver jamás.

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Consejos para ahorrar dinero #2: la comida

Hay elementos sin los cuales es imposible vivir. Los alimentos son parte de ellos. Dejar de comer supone la muerte, uno de los acontecimientos que casi nadie quiere sufrir, al menos hasta soplarle a un pastel con doscientas velitas.

Quien haya pasado hambre sabrá lo desesperante que es no tener nada para saciar al estómago. Así sea solo una mañana en la que olvidó el dinero para comprar en la tiendita de la escuela, se convierte de un hecho que deja abatido. Ya no hablemos de afrentas mucho mayores, donde la situación se convierte en una verdadera pesadilla.

Hay gente que muere de hambre, basta decir. En plena época de auge tecnológico existen todavía personas que no tienen ni una tortilla para llevarse a la boca. Pasa en países lejanos, pero también en nuestras tierras. Sí, aunque no siempre estemos enterados.

Y así, es fácil caer en cuenta de que el hambre clasemediera no es un hambre fatal. Sí, la cartera podrá estar vacía y el refrigerador sin nada por dentro, pero incluso ante tal panorama está la posibilidad de tomar el fruto de un árbol y huir sin darle las gracias. Hay lugares en los que ni eso. En donde en los alrededores hay tierra y piedras nada más.

No invito a nadie a que roben frutas, salvo en algún caso de extrema urgencia. En todo caso convendría negociar con algún  vendedor para explicar que la vida pende de un hilo si no se traga algo de forma inmediata.

A la mayoría le sucederá alguna vez. Tener apetito sin nada o poco dinero para remediarlo.  Con esta preocupación en mente, me di a la tarea de recopilar algunas sugerencias para cuando el presupuesto no alcance. O para cuando, de plano, no se quiera gastar un solo centavo en alimentos, lo cual es válido ya que se trata de una inversión que solo ofrece una satisfacción pasajera. Un platillo, por elaborado que sea, dura apenas un rato y ya. Luego se desecha. Es lo que frustra en ocasiones. Sin importar el desembolso realizado ni el esfuerzo de preparación, la comida se esfuma tan rápido como llegó.

No es como una silla, que se queda ahí por mucho tiempo, si bien es cierto que una nutrición adecuada ayuda a mantener al organismo en armonía, lo cual ningún asiento puede garantizar.

De cualquier forma. Los siguientes consejos pueden aplicarse cada que se desee. Eso sí, conviene alternarlos para no levantar sospechas. Aplicarlo en lugares diferentes funciona. Por ahí rondan alguno inspectores del despilfarro a los que conviene esquivar. Lo importante es que jamás se pase por una penuria alimenticia. Ya lo decía Rius: la panza es primero. Luego viene todo lo demás. Es imposible trabajar, crear o divertirse con el estómago seco, así que tomen nota de los consejos por si algún día los necesitan. No se confíen.

Para ilustrarlo mejor, hay que ponernos en situación. Imagina que un día te vas a vivir solo en un departamento que te brinda muchas libertades, pero que carece de sopa caliente cada que llegas después de un día de labores. La circunstancia es adversa. Sin nada en la nevera y apenas unas cuentas monedas en el bolsillo, toca ingeniárselas para conseguir alimentos balanceados.

Lo malo es que los restaurantes son carísimos. Incluso los más modestos lo son cuando no se tiene más que unos centavos. Así que hay que recurrir a otros lados. Nada de pedir fiado, hay que cuidar la imagen pública y luego resulta peor endeudarse.

Es entonces cuando conviene olvidarse por un rato de las ínfulas  independentistas y recurrir a la familia. No a los padres, desde luego, ya que eso supondría reconocer el fracaso:

Papis, no sé administrarme solo. Regrésenme el biberón”.

Sería un horror. Lo mejor es recurrir a las jerarquías que le siguen: abuelos y tíos. Hacerles una visita sorpresa con el única intención de saludarlos —claro—  porque los extrañabas muchísimo. Y suplicar que te preparen un filete ya que al masticar uno te acordarás de las vivencias de la infancia.

Lo que sigue es dejarse querer. Aceptar cuando se te ofrezca una segunda porción, para tener una reserva con apariencia de barriga y mencionar que deberían verse más a menudo. Si surge la posibilidad, no dudes en pedir que te pongan las sobras para llevar, que esos huesos aún tienen lo que parece ser pellejo comestible.

Igual procura no cargarle la mano a tus seres queridos. Ellos tienen sus gastos. Lo mejor es abusar de otras confianzas. De la iglesia, por ejemplo. ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a comulgar? Muchos años, tal vez. Pues aquí tienes una oportunidad de oro para congraciarte con el Señor y de paso disminuir el hambre. La hostia no parece un gran bocado, no obstante puede hacer milagros. Literalmente. Cuando hay escasez de manjares, una lámina hecha de harina puede calmar las ganas de morder el brazo del vecino. No la desestimes. Y, si puedes, repite la operación, primero con el padre y luego con alguna otra monja que también ofrezca la santo sacramento.

Si el rollo religioso no te va, o si prefieres evitar frivolizaciones que te condenen al infierno, no te preocupes. También hay opciones para ti. La más evidente de ellas son las muestras gratis. Recurrir a ellas sin miramientos hasta convertir la travesía en una especie de buffet disfrazado.

Ve a una nevería. Pon cara de que vas a comprar lo que se te ponga en el camino. Compórtate indeciso. Menciona al dependiente que no estás seguro si llevarte un litro de mamey o de chocolate. Que si te los deja probar. Acepta la cucharita de muestra que te dará. Y disfruta. Luego di que no entiendes de sabores exóticos, que si te deja probar esa rareza llamada helado de avellana. Con eso bastará. Tres delicias que nadie te quitará. Luego suelta un grito antes de emprender una carrera rumbo a la puerta de salida.

Repite la operación en donde puedas. Con el señor que vende frutas, con el del chicharrón, con el de las aguas frescas. A todos pídeles muestras gratis para ver si te animas a comprar. Pon cara de fuchi cuando saborees lo que te den. Para justificarte, claro está. Menciona que no es lo que esperabas y que mejor luego regresas.

Y así, poco a poco, probarás un amplio menú. El único factor en contra son los largos desplazamientos. Y aún así hay una forma evitarlos: ir al supermercado. Ahí encontrarás una concentración de promotores de distintos productos en donde podrás darte un banquete. Yogures, galletas, botanas, etcétera. El plato fuerte está en el departamento de salchichonería, en donde una multitud de señoritas estarán dispuestas a darte una rebanada de jamón de la marca a la que representan. Ni mandado a hacer para salir del paso.

Otra opción para ahorrar en concepto de alimentación es dejar de comer. Hasta quedar en los huesos, de plano. Es un plan radical que, sin embargo, funciona. Para tener éxito, puedes tomar una serie de medidas que eviten las tentaciones. Pedirle a alguien que te rompa los dientes es un buen comienzo. Sin la alternativa de masticar, la misión será más llevadera. Además, el dolor en la boca sobrepasará a las sensaciones del estómago, por lo que podrás olvidarte del hambre por una temporada.

Por lo demás, queda una alternativa que goza de cierto prestigio. Se trata de una conducta aceptada en sociedad y que, de hecho, es practicada por muchos padres de familia alrededor del mundo. La única desventaja es que necesitarás de rehenes. Amigos, de preferencia. Tener amigos es complicado, lo sé. No todos tienen. Pero, de ser así, aprovecha. Sugiéreles ir a un restaurante a comer. Para recordar viejos tiempos y eso. Cuando lleguen, siéntate en la mesa y anuncia que no pedirás nada porque estás lleno. Lanza la mentira en cuanto puedas:

“Disculpen, una señora llevó tacos de canasta a la oficina y ni cómo decirles que no. Ustedes coman, por mí no se agobien, estoy bien”.

A continuación, convéncelos de pedir una hamburguesa con papas a la francesa. Si acceden, estás del otro lado. Cuando su platillo llegue, diles que les vas a “robar una papa”. Ellos sonreirán y dirán “claro, ni me digas, tú agarra”. Tómales la palabra. Agarra ocho papas más mientras ves cómo su sonrisa se difumina. Comenta que te sientes triste y abandonado para desviar la atención. Llora.

Hasta aquí los consejos de la segunda entrega. Quedan muchas opciones por comentar, pero confío que con esas será suficiente. Además son las más normalitas por lo que nadie pasará apuros al realizarlas. Preferiría no ahondar en extravagancias como la de robar croquetas del perro de enfrente. Ni hablar del método ancestral de lamer ladrillos o casarse con una hogaza de pan. El prestigio  también es importante y no hay que sacrificarlo por aquello que nos permite respirar.

Confío en haber sido de ayuda y los invito a estar al pendiente de futuras entregas. Esta sección se encarga de salvar sus bolsillos. No se la pierdan. Acá pueden leer la primera parte.

comilona