Un ladrón honrado

Hace tiempo salió en las noticias. Un hombre de 54 años detenido por robar productos de una tienda de conveniencia en Torreón, Coahuila. Visto así, el suceso era como tantos otros. La diferencia estribaba en la candidez del señor. El crimen de marras no fue violento ni descalcó a nadie. El botín consistió en una cerveza de 1,2 litros, tres bolsas de frituras y un jugo de tomate con almeja. De ahí un operativo que concluyó con la captura del pobre diablo y su exhibición en redes. La Dirección de Seguridad Pública Municipal de Torreón le puso esposas y le tomó una foto junto a su tesoro frustrado.

Aquello fue, claro, una sobrerreacción, un despropósito. Ese buen hombre seleccionó artículos que evidenciaban una nobleza pocas veces vista en estos tiempos. Puesto ya a robar, bien pudo retacar sus bolsillos de más productos. Nada le hubiera costado sumar un dip de cebolla francesa, unos chocolates con nuez o un frasco de café a sus bolsillos. O incluir otra cerveza. O uno de esos whiskies enlatados con coca. Lo evitó. Fue contenido y prudente. No quiso dar mayores molestias ni pasar por un encajoso. En una noche calurosa, simplemente buscó refrescarse con una michelada. Quizá disfrutar de una película con un poco de botana. Hay que ser un insensible para condenar a alguien así. Uno di noi.

Más que ensañarse a él, habría que cuestionar un sistema que impide a las personas acceder a bienes de primera necesidad y que hace mella de los aventureros. La inquina de las autoridades y los medios contra dicho personaje da cuenta de quienes pretenden purificarse a través de la denigración del otro. Y muestra cómo la falta de criterio se ha institucionalizado. El incidente debió zanjarse de otra forma. «Don Miguel, se pasó y tuvimos que detenerlo», debieron decirle los policías. «Para la otra mejor avise y le invitamos unas frías. Pero ya no dé lata, que para la otra sí tendremos que proceder. Ya váyase, todavía alcanza a ver el partido».

Al leer la noticia fue inevitable recordar Los ladrones somos gente honrada, una de las piezas teatrales más famosas del gran Enrique Jardiel Poncela. En ella, un ladrón se enamora de una mujer que habita la casa que pretendía robar. Esto lo conduce a abortar la misión y a dejar el gremio de la pillería para casarse con quien le ha flechado. En el resto de la obra, la interacción de sus viejas amistades con sus nuevos círculos revela lo arbitrarias que son las percepciones sobre la moralidad ajena. Con frecuencia, personas de prestigio son igual o más sucias que los granujas de medio pelo que al menos tienen la decencia de asumir su condición faltosa.

Con lo anterior, claro, no hago apología del delito. Probablemente yo habría montado en colera si don Mario me hubiera robado lo que fuera, así se tratara de una corcholata. Lo detestaría. Tan solo pongo en perspectiva que hay una podredumbre superior que se va de rositas y que existe un desajuste en la manera en que se juzga en sociedad. Atrocidades mayores vienen de gente que aparece sonriente en la televisión, con la desfachatez de pretender la conducción de nuestras vidas. Políticos, funcionarios, marrulleros que saben cómo hackear el sistema en su favor. Aplaudidos por sus propias víctimas que no se dan por enteradas.

Aquellos que quieren lastimarte trabajan dentro del marco de la ley, decía un poeta británico. Criminales educados para hincar el diente conforme al reglamento. La desfachatez de gobernantes que dilapidan dinero público, por ejemplo; los que provocan desabasto de medicamentos sin inmutarse. Bob Dylan cantó alguna vez que para vivir fuera de la ley debes ser honesto. Como Virgil Starkwell en Take the Money and Run (1969) que atraca un banco con toda la pena del mundo, aclarando las dudas de los empleados de ventanilla. Con paciencia y sin agredirlos. «Por favor, tengo prisa», les dice, «necesito los 50 mil dólares». Pero entiende cuando le indican que debe hablar con el gerente para que el trámite proceda. De modo que va y le explica. Un tipo íntegro.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s