David solo está bailando

david bo

La música pop como gran salvavidas. Lo mencionaba Morrissey en una de sus viejas canciones: hay momentos difíciles en los que las canciones son la única compañía que permanece fiel a tu lado. Cantantes que te ofrecen palabras de aliento y que te inspiran a seguir adelante, a no permanecer por siempre en el fango. Y uno puede crecer, mejorar y avanzar, pero lo menos que uno puede hacer es recordar con cariño a todos esos artistas que estuvieron contigo cuando nadie más lo hacía. Cuando nadie daba un centavo por ti. La muerte de David Bowie (8 de enero de 1947 – 10 de enero de 2016) hace que lo recuerde de ese modo. Con admiración pero sobre todo con mucho agradecimiento. Fue una de las grandes compañías de mi adolescencia, alguien que invitaba a soñar y a ir más allá de lo que se espera de ti. Un espíritu inquieto, desbordado en la intención de experimentar mil vidas con el ansia de quien se sabe heredero de las estrellas. Un hombre irrepetible cuya influencia no es solo musical, sino humana en un amplio sentido. Como muchos otros me enteré de la noticia durante una fría madrugada. Era la muerte de un viejo escudero. David Bowie se despedía con un nuevo álbum lanzado apenas unos días antes y bajo un hermetismo admirable. Sin dramas, tan solo aprovechando hasta el último suspiro. Como si su legado necesitara más. Así de grande era. Su muerte deja un nudo en la garganta pero también la estampa heroica de alguien que decidió irse en activo obsequiando el consuelo de su música. Vino entonces la vorágine. Olas de recuerdos en torno a su figura. El manto de una obra enorme que parece tocarlo casi todo. Han surgido homenajes hermosos y conmovedores (como este o este otro que consiguieron que se me saltaran las lágrimas). También mucho lugar común propio de quienes apenas lo conocían pero que buscan con desesperación sumar puntos de coolness. Recordemos que con David Bowie pasa como con los Kinks: muchos van de admiradores extremos pero no tantos lo han escuchado a profundidad. Su discografía es un océano en el que uno aprende al zambullirse más allá de la canción suelta aparecida en una película. Low, Scary Monsters, Hunky Dury, Heathen y “Heroes” (un respeto a las comillas) son trabajos de primer nivel, igual que Aladdin Sane, Diamond Dogs y aquel clásico de Ziggy Stardust. Un legado para quedarse sin hambre ante el cual se complica elegir el halago adecuado. Un genio universal con millones de acólitos, discos vendidos y billetes en el banco. Fenómeno de alcance global al que sin embargo yo recuerdo en el susurro de intimidad. El de un amigo que estuvo ahí en mi más tierna adolescencia para decirme que no estaba solo. Alguien que ofrecía su compañía y que incluso se sacrificaba a compartir el dolor.

Eso señores, eso, es la grandeza de la música pop. El gran salvavidas al que se refería Morrissey. Gracias por tanto, David Bowie.

Oh no love! you’re not alone
You’re watching yourself but you’re too unfair
(…)
Oh no love! you’re not alone
No matter what or who you’ve been
No matter when or where you’ve seen
All the knives seem to lacerate your brain
I’ve had my share, I’ll help you with the pain
You’re not alone…

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