Eleanor & Park

Leer a un autor por vez primera tiene mucho de apuesta. Tienes que arriesgar tu tiempo sin saber si la inversión valdrá la pena. Y toca hacerlo de vez en cuando, ya que hay que ampliar la paleta de lecturas. Hay tantos libros disponibles que encerrarse en un puñado de escritores puede resultar contraproducente. Hay que explorar. Ver si por ahí anda suelto alguien que podría ser fundamental para tu mente.

En el camino uno se encuentra de todo. Lecturas provechosas y otras que no lo son. El instinto se aplica en la búsqueda. Se pasan horas por la librería hasta encontrar los títulos que resaltan sobre el resto. Habrá veces que se vaya con un listado en mano, pero algunas de las adquisiciones más valiosas se realizan cuando uno acude sin nada específico en la cabeza. Y en donde se revisan todas las repisas y se le echa un vistazo en los pasillos para ver si por ahí se encuentra la sorpresa. Tal vez una novela tirada en una esquina, o un poemario que acaba de ser abandonado por una mujer que solo ilusionó a las páginas con una compra que al final no concretó. Y te lo llevas para que no se le rompan los versos.

Luego están los libros que venden mucho. Esos que encuentras en todas las tiendas y que son mencionados por todas las revistas. Escritores de los que no escapas. Aquellos que son conocidos incluso por aquellos que nunca leen. Son los que dominan las mesas de novedades. Las listas de recomendaciones.

Fue así que conocí Eleanor & Park, una novela de una tal Rainbow Rowell.

Fue imposible pasarla de largo. La editorial le hizo una gran campaña de publicidad. Esto, más que ayudar, hizo despertar mi desconfianza. Hay que dudar de los best sellers. No por una actitud esnob, sino porque las masas suelen tener gustos espantosos. No siempre, pero pasa a menudo. Así que hay que ir con cuidado, no vaya a ser que por seguir la corriente acabes por gastar tu sueldo en un libro de Dan Brown.

Decidí abstenerme de aquel libro. Le di tan poca importancia que leí su contraportada, algo que nunca hago con aquello que despierta mi interés. Y vi un diálogo entre los dos protagonistas, en donde el amor se mezclaba con una mención musical.

Y ahí reafirmé mi posición. En otros tiempos hubiera sido al revés: la referencia me habría impulsado a realizar la compra. Ahora ya no, estoy cansado de todos las obras que echan mano de la música pop para llamar la atención o dotar a sus personajes de una personalidad outsider. Antes causaba gracia, sin embargo terminó por convertirse en un recurso facilón para captar a ese público que se siente especial por bajar canciones indie a granel.

A mi mente vino Las ventajas de ser invisible de Stephen Chbosky. Vaya decepción me produjo en su momento. Una experiencia que no me dejó nada, excepto cierto asqueo por la forma en que algunos autores han estandarizado el perfil de los marginados.

Eleanor & Park daba la pinta de ser lo mismo. O hasta peor, ya que en el diálogo aquel se mencionaba a Bono. Un horror. Vale rescatar la opinión de Rob Fleming, que en Alta Fidelidad pone a U2 en su top 5 de bandas que deberían ser masacradas en caso de que se estallara una revolución musical.

Nick Hornby, se cuece a parte, por cierto. Sus libros están llenos de referencias a la cultura pop, pero lo salva el hecho de que lo suyo sí aporta al platillo. No se tratan de menciones gratuitas, sino alusiones obscuras que contribuyen a poner en perspectiva el nivel de obsesión que mueve a sus personajes. Una estilo propio de alguien que sabe de lo que habla y que, a diferencia de otros, no juega al postureo.

De vuelta a Rainbow Rowell, decir que las semanas pasaron y mantuve la terquedad de no querer adentrarme en su obra. Aún así, tuve sentimientos encontrados. Seguía con el pensamiento fijo en aquella portada y en en la figura de los dos protagonistas. Llegué al extremo de pensar en ellos antes de dormir y mientras me daba una ducha. Ambos daban martillazos a mi conciencia y no había nada que pudiera hacer, salvo ceder a ellos. Darles una oportunidad para que la obsesión desapareciera.

Así que en cuanto pude lo compré. Total, ya qué, peores cosas he hecho en el pasado. En una de esas hasta podía gustarme. Todavía estuve cerca de echar marcha atrás cuando vi que en Gandhi tenían Eleanor & Park  en la sección infantil/juvenil, lo cual era para producir bochorno. Soy viejo para andar entre crayolas.  Si opté por seguir adelante, fue porque en las noches previas supe que el libro  había sido votado como uno de los mejores de 2013 por parte de los usuarios de Goodreads, algo que si bien no era garantía (muchos de los que visitan esa página son los mismos que veneran a Stephenie Meyer), al menos invitaba a darle el beneficio de la duda.

Y al final el tiro no salió tan mal. Si bien pude detectar deficiencias (en la manera en que se desarrollan los diálogos, sobre todo) y una superficialidad rampante, acabé por disfrutar lo que tuve ante los ojos. La bella historia de amor entre dos chicos que vivieron (y padecieron) los años ochenta.

Cierto que las referencias musicales a ratos eran hasta de mal gusto. Metidas con calzador, nada más para complacer a los admiradores de (500) Days of Summer. Como cuando Eleanor menciona en una parte que la voz de Park le recuerda a la de Peter Gabriel, solo que sin las melodías y sin el acento inglés, que es como decir que tu sobrino habla parecido a Barry White, solo que sin la voz ronca y el acento texano. Porque claro, de lo que se trataba era colgarse de una estrella,  de que el fantasma de Genesis estuviera presente, igual que las playeras de Fugazi que rondaban por el jardín.

Lo que importa es que, a pesar de ello, el relato sobrevive porque contiene la esencia de lo que distingue al primer amor. Aquel en donde hay ternura y descubrimiento, con toda esa inocencia que el paso de los años vuelve irrecuperable.

Eleanor & Park hace recordar al primer noviazgo, a la primera persona por la que sentiste cariño. A su modo eso es grandeza. Todo lo demás da igual. Cuando un libro consigue despertar en ti una serie de gratos recuerdos, qué más da que sea cursi, que esté mal traducido (de pena ajena el poco cuidado que Alfaguara le puso a la edición en español) o que sea un superventas leído por miles de imbéciles. Lo importante es que ha funcionado para ti, que al menos por un tiempo logró reactivar memorias y sensaciones que creías desaparecidas.

La clave está en algo que Park reflexiona en un capítulo a propósito de por qué Romeo y Julieta es una obra tan popular:

Porque todo el mundo quiere recordar lo que significa ser joven y estar enamorado.

Eso es, guardando proporciones, lo que hace de Eleanor & Park un trabajo que cautiva: pone en sintonía con un pasado que, con similitudes y diferencias, casi todos atravesamos.

Verán, conforme se envejece, uno termina por volverse inmune a ciertos sentimientos. Sensaciones que en la niñez brotaban con facilidad,  con el tiempo dejan de funcionar. Ya sea por culpa de las decepciones, del dolor o porque nunca obtuvieron lo que que requerían.

Es triste tener que separarse de emociones que fueron bellísimas, que alguna vez iluminaron el interior. Impresiones que te hicieron sonreír, que te hicieron sentir vivo. Y que un día se marchitan. Imágenes que asocias al pasado, a lugares, a personas que ya no están.

Es de agradecer que la literatura logre reactivar partes de ti que estaban desaparecidas. Darse cuenta de que todavía se encuentran refugiadas por ahí. Respiran incluso, pese a estar débiles y sofocadas.

De algún modo el niño que fuimos se encuentra ahí dentro. No se ha ido. No del todo. En ocasiones le da por latir. Lo único que pide es que te acuerdes de él, que le des algún estímulo. Para que entonces salga del escondite y te recuerde aquella vez que la ilusión estaba a tope. Cuando un simple mensaje te hizo saltar de alegría. Sí, en esa noche que parecía la mejor de tu vida. En donde la existencia de alguien te bastaba para ser feliz. Nada más. Y cuando por tu cabeza rondaban las ideas de un futuro en donde la historia de ambos se convertía en una sola. Suficiente para ir a dormir con una idea fija: que ojalá al despertar la sensación siguiera contigo.

Más allá de lo criticable y de las deficiencias, en eso radica la magia de Eleanor & Park. Créanme, no es poca cosa.

rainbow rowell

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