Sin viernes sangriento

Se supone que ayer se llevaría a cabo un concierto de My Bloody Valentine en México. La cita era en el Palacio de los Deportes, aunque unas semanas antes se canceló, al parecer por una baja venta de boletos. No fue sorpresa. Se trata de una banda que tiene un puñado de fans, sin embargo no son demasiados en nuestro país, pese a que así pudiera parecer por los advenedizos que se proclaman como tales por haber visto Lost in Translation. Pasa un poco como con The Kinks. Muchos se dicen seguidores, cuando ni siquiera te pueden decir el título de 10 canciones o el nombre de tres de sus integrantes. Se tratan de conjuntos que son cool en proporciones bíblicas, por lo que siempre será deseable que formen parte de ti. Para algunos la música es un accesorio. Un collar para ponerse y presumir con los vecinos. Cuando llega la hora de la verdad el espejismo se esfuma. Ellos desaparecen. Te enteras que solo se han vendido 300 boletos que no dan para cubrir los gastos mínimos del show.

Si bien lo esperaba, no dejó de ser una noticia triste. Era la única oportunidad sólida de ver Kevin Shields y Bilinda Butcher. Será complicado que las circunstancias se alineen de nuevo para que la opción reaparezca. Es probable que una desintegración próxima desvanezca la esperanza para siempre. Tampoco es probable que alguien se anime a traerlos después de este fiasco, o que ellos quieran  exponerse a intentarlo por una segunda ocasión. Y ni hablar, quedan los discos, que no es poca cosa. A varios de mis grupos favoritos no los pude ver en vivo, lo cual no resta al hecho de que los ame sin contemplaciones. Es más, que sean inaccesibles y lejanos les agrega puntos en cuanto mística se refiere. Aquello que no se puede tener se convierte en una obsesión que provoca sentimientos de mayor duración que la satisfacción.

Hoy fui a que me reembolsaran el dinero del boleto. Lo hice apenas hoy (la suspensión del evento se anunció hace unos 20 días) porque hice la compra en una ciudad a la que visito de vez en cuando y no en donde estoy establecido de base. Los de Ticketmaster tienen la política poco agraciada de que para devoluciones debes acudir justo a la sucursal donde hiciste la transacción original. Lo hacen, yo creo, para reforzar las molestias que causan. Nunca es suficiente. La empresa es tenaz. Hacen esfuerzos extras a sabiendas de que el no reembolsar el cargo por servicio no basta para fastidiar al cliente al 100%. Deben tener restricciones adicionales para poder provocar un bello dolor de cabeza a quienes osan financiar a su corporación.

mbvboleto

Antes de regresarlo, le tomé una foto al boleto. Si no pude estar en el concierto, que al menos quede la complacencia de que tuve una entrada para ver a My Bloody Valentine. No cualquiera. Es para contarle a los jóvenes del mañana: “Mijito, hubo una ocasión en que pude ver al grupo ese que le gusta a tu abuela, el que dices que suena a viejitos y que te hace dormir. Incluso tuve el boleto en las manos, pero al final quiso el destino que el espectáculo se cancelara. No sabes cuánto me dolió.

Más o menos en ese punto descubriría que el niño se fue al jardín sin hacerme caso. Y aprovecharía la oportunidad para poner esta canción:

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