En defensa de Ringo Starr

Ringo Starr es un tipo afortunado. Fue parte de la banda  más popular de la historia. Sin apenas despeinarse (salvo cuando bailaba), se convirtió en una figura de culto que acumuló fama, fortuna, devoción. En el plano personal sufrió varios golpes duros. Su salud y la de sus seres queridos tuvieron complicaciones. Lo peor llegó con la muerte de Maureen Cox, su ex esposa y madre de sus tres hijos. Aun así, el baterista se las ha arreglado para mantener el buen humor y ser considerado adorable por quienes lo conocen .

Fue la simpatía lo que lo llevó a la leyenda. Su personalidad tiene el valor de instrumento funcional dentro del periodo que pasó en The Beatles. Sobre todo en los últimos años, cuando Ringo Starr fue vital para que las relaciones de la banda no se rompieran antes de tiempo. Él era el único pacificador en medio de tres egos del tamaño de Júpiter. Los aportes  que hizo al cuarteto fueron más allá de lo musical. Dotó de ligereza  a la parte social del conjunto cuando fue necesario para que nada estallara. En varias ocasiones fue el ancla por la que ninguno de los otros tres decidió mandar a los demás al diablo.

Durante los años sesenta era aclamado, cual gran compositor de la modernidad. Con todo merecimiento ya que lo que hacía The Beatles una banda entrañable no eran meras cuestiones técnico-musicales. Miles de bandas han tocado mejor que ellos. Pero ninguna ha provocado las mismas huellas. Lo suyo era también la gracia, el carisma. Cuatro chicos que tenían algo que ver con lo que cualquiera sentía. Eran entrañables, se les percibía como parte de la familia.

Ringo Starr, el héroe. Idolatrado por Marge Simpson. Ligador de bellas mujeres.Uno de los grandes impulsores de la batería a nivel popular. Pregunta a quien quieras. Son pocos los que podrán nombrar a un baterista que le anteceda. Si Noel Gallagher declaró que ver a Johnny Marr en TOTP lo impactó lo suficiente para dedicarse de lleno a la guitarra, muchos jóvenes decidieron tomar las baquetas para convertirse en el narigón que salía en el show de Ed Sullivan.

Sin ser alguien atlético o exuberante en el proceder, fue un baterista cumplidor, justo lo que The Beatles necesitaban. La explosividad de John Bonham o Keith Moon no casaba con el estilo de los de Liverpool. Con todo lo geniales que eran, imaginarlos en discos de la naturaleza de Help! (1965) o Revolver (1966) es un despropósito. Ringo Starr era el acompañamiento ideal. Ni mucho ni poco. Sabía aparecer cuando era adecuado sin tener  un ansia protagónica: odiaba los solos a los que eran tan proclives otros representantes de los años sesenta. De cualquier manera se las ingenió para dejar un sello permanente. Si hubiera justicia, se le alabaría por el gran trabajo que hizo en varios temas, por ejemplo, “Strawberry Fields Forever”, “A Day in the Life” o “Tomorrow Never Knows” donde da justo   los golpes de martillo requeridos para afianzar lo extraordinario.

Hay mucho mediocre suelto que le hace burla hoy en día. Los que dicen que no tenía talento. Que no es nadie. Que solo tiene dos canciones. Los mismos que jamás le han dado un repaso a su discografía. Que sin ser una epopeya, cuenta con material de altura: Ringo (1973), Goodnight Vienna (1974), además de un puñado de sencillos. El primero una obra redonda que bien vale tener en la sala de la casa. Uno de los mejores discos lanzados en aquel año. Para disfrutar en una tarde amena. Por no mencionar que es respetado por la mayoría de los bateristas de renombre, quienes lo tienen por referente.

Y es muy fácil hacerlo menos, pero ninguno de los que lo hacen puede presumir lo que Ringo sí. Quisiera ver si los músicos favoritos de sus detractores pueden decir que John Lennon y Paul McCartney le hicieron coros en algunas de sus canciones. O si pueden decir que compusieron al lado de George Harrison. O si se pueden preciar de  que Marc Bolan, Billy Preston, Eric ClaptonHarry NilssonStephen StillsElton JohnPeter FramptonJoe WalshClarence Clemons, Jack BruceNick LoweRoger Hodgson estuvieron bajo su mando. Una lista de amigos, antes que nada. Figuras que le ofrecieron un mano en reconocimiento a su estatus y su forma de ser.

Otros ven en Ringo a una curiosidad. Son los que van a los conciertos “por ver a un beatle” o en modo de ironía como quien sale de la ciudad para  tomarse una foto con una atracción turística. Gente que ignora los  méritos, la valía de los temas.

Qué más da. La sonrisa nadie se la quita. Tampoco los gritos ni los aplausos.

Ayer pude ver a Ringo Starr & His All-Starr Band en la segunda presentación que hicieron en el Auditorio Nacional en 2013. Estuvo mejor de lo que esperaba. En cuanto Ringo salió me vi contagiado por lo vitalidad que emite su imagen. Un semblante que propaga felicidad entre los asistentes. Interpretaciones que me hicieron recordar las primeras veces que escuché a The Beatles, lo cual no hizo otra cosa que convertirse en una emoción incontenible que valió todo el camino. Ir a un concierto de Ringo es como visitar al tío simpático de la familia que hace años no ves.

Hace un mes acompañé a unos familiares a ver al Dalái Lama. Sin tener nada contra de él (hubo aciertos en algunos de los puntos que abordó), no sentí cambio alguno dentro de mí durante la plática ni tampoco después. Los líderes espirituales no me dicen nada. El discurso que llevan no siempre se adapta a las dificultades que se tienen que enfrentar en la cotidianidad. En cambio, cuando vi a Ringo Starr, el cambio se dio de inmediato. Recordé que las únicas figuras capaces de renovar a uno por dentro son los artistas. En especial los músicos. Ir a misa nunca me produjo el estado de bienestar que supone estar en un concierto. Hay espacios para todo, desde luego. Me parece respetable quienes pueden llenar un vacío con la religión, mientras con ello no afecten la vida de nadie más. Es solo que cuando he visto a Bob Dylan, Morrissey, Bruce Springsteen o Paul McCartney he tenido sensaciones que se escapan a las palabras. Sentimientos que superan cualquier explicación. Que hacen que comprenda en verdad lo que representa la paz y el amor, sin tener que aguantar sermones aburridos de una hora.

Alabado sea Ringo Starr, la máquina, el avión. El embajador de la Vía Láctea.

ringo

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6 pensamientos en “En defensa de Ringo Starr

  1. Siempre habia pensado en la grandeza de Ringo por encima de todas las criticas mediocres que siempre he escuchado. Este artículo me ha dejado un excelente sabor de boca.

  2. Me atrevo a compartir en mi fb tu defensa, por poner en palabras lo que pienso a unas horas de ver a Ringo en Buenos Aires, espero no te moleste

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