La Melody de Serge Gainsbourg

melody

En 1969 Serge Gainsbourg por fin logra lanzar el sencillo “Je t’aime… moi non plus”. El proyecto se había demorado por la repentina marcha atrás que le dio la musa original: Brigitte Bardot. El tema era demasiado atrevido. Tanto que podía meter en aprietos la carrera de la francesa, así como su matrimonio con el cornudo de Gunter Sachs. Encontrar a una sustituta para la tarea no fue fácil. Se consideraron varias opciones que fueron declinadas hasta que se cruzó en el camino una jovencita llamada Jane Birkin. El resto es historia. Con ella vivió un tórrido romance que culminó con la versión definitiva de la canción mencionada. La sensualidad de la misma superó a la que previamente se había grabado con la Bardot (y eso que esta última, cuenta la leyenda, se dio a la tarea de juguetear con sus partes íntimas para darle mayor realismo a los gemidos soltados) y a pesar —o gracias a ellas — de las prohibiciones en algunos países, el sencillo logró vender más de 4 millones de copias.

Serge Gainsbourg nunca había vendido tanto. El estatus que ahora tiene no quita que durante gran parte de los años sesenta sufriera continuas decepciones comerciales que, sin embargo, no lo desanimaron a continuar en la lucha. Este nuevo éxito le permitió trabajar con mayor seguridad y confianza. Consolidado como nueva estrella, incluso se pudo permitir varios riesgos como autor. Así fueron los álbumes conceptuales que lanzó durante la década de los setenta, donde se alejó del pop ingenioso que lo caracterizaba para pasar a terrenos de mayores dimensiones artísticas.

El primero de esos álbumes conceptuales fue Histoire de Melody Nelson (1971), acaso el mejor de todos ellos. El trabajo está inspirado en la irrupción que Jane Birkin tuvo en su vida. La historia que se desarrolla durante los temas (apenas ocho en la edición original) trata sobre el encuentro que el francés tiene con una quinceañera llamada Melody de la que se enamora fatalmente después de haberla atropellado.

“Melody”, la canción que abre el disco, es una propuesta muy diferente a lo que precedía en la carrera del cantante. Ya no es una de las canciones pegadizas con propensión a la reiteración que lanzó con anterioridad. Lo hay aquí es una innovación tremenda para el panorama musical francés de la época. Así, Gainsbourg se pone a la vanguardia internacional. En “Melody” no hay nada así como estribillos ni coros. Nada se repite en ella. Son más de 7 minutos donde el narizón recita sobre una base que avanza en terrenos de obscuridad donde eventualmente surgen  guitarras irregulares, orquestaciones, el bajo sugerente y una voz femenina que conforman toda una experiencia. No es algo que entre a la primera. Hay que recibirla sin prejuicios. Sobra decir que no es una pieza para escuchar y cantar mientras se aborda el autobús. Es más bien para asimilar tranquilamente en la espesura de la noche. Donde ya no hay luces prendidas, donde solo queda el cobijo de la habitación, una copa, el humo de un rincón  y donde solo alumbra una vela… o la romántica luz del monitor.

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