Desearle salud a los demás

Hay pequeñas medidas que pueden ser tomadas para mejorar aquello a lo que llamamos vida. En ocasiones se cree que se necesitan grandes hazañas para poder conseguirlo, y no. La verdad es que basta una ligera disposición para lograr el cambio. Hablo de cuestiones relativas, desde luego.  No pretendo ser uno de esos estafadores que prometen éxito con tan solo visualizar lo que se anhela. No, lo que sugiero son procedimientos sencillos que cualquiera puede aplicar sin mayores problemas y, lo que es más, ofrecen resultados enseguida.

Mi medida favorita es la que se refiere a decir “salud” a cuanto estornudo se cruce en el camino. No importa de qué nariz provenga, si el que lo hace es amigo, enemigo, jefe o limpiabotas. De hecho, la estrategia funciona mejor cuando se trata de desconocidos. Podrá parecer poca cosa. Sin embargo, prueben y verán. Hay una satisfacción particular cuando le deseamos prosperidad a otras personas. El efecto es parecido a cuando se suelta un halago. Hacer sentir bien a los demás, aunque sea en lo mínimo, mejora el panorama de inmediato. Such a little thing makes such a big difference, diría Morrissey.

Qué horrible es estornudar en medio de una multitud y que nadie te diga salud. Algunos lo sabrán. Yo lo he experimentado. Te hace sentir solo, abandonado en el universo. Lo que para los demás parece no tener importancia (porque, bah, de qué sirve decir “salud”, como si así se pudiera curar uno), se vuelve en esos instantes en una cuestión que incide en la concepción que se tiene de la sociedad.

Un gesto de amabilidad puede cambiar la perspectiva de un día entero. De una semana incluso. Pruébenlo la próxima vez que utilicen el transporte público. Lancen un “buenos días” generalizado y digan “salud” si alguien estornuda. Verán que se formará un leve ambiente de camaradería entre los presentes que hará más llevadero el trayecto. Lo mismo puede implementarse en una sala de espera. A lo mejor hasta se hacen de un amigo.

Claro, puede darse la situación de que se topen un miserable que no responda a la generosidad con un “gracias” o con el correspondiente “buenos días” de rebote. Según mi experiencia, uno de cada diez sujetos tiende a ser así. De lo que se trata es de no desanimarse por culpa de ellos. Si les llega a tocar alguien de esta calaña, sonrían. Pasen de página. Mantengan el talante. Ya vendrán otros que sí sepan apreciarlos.

Personalmente solo me abstengo de decir salud en un caso en concreto: cuando el que estornuda no se tapa la nariz y la boca. Lo considero de pésimo gusto, Propagar gérmenes demuestra lo poca consideración que se tiene con el prójimo. Si esto sucede, lo único que hago es dejar de respirar mientras me alejo de la zona. Tampoco es que les desee una muerte prematura.

Fuera de eso, sostengo que la amabilidad alivia tensiones, relaja al personal, ayuda a curar las reumas. Da para tenerlo en cuenta cada que se ponga un pie fuera de casa. La actitud positiva no tiene que ser en exclusiva para nuestros seres queridos. Hay medidas que se pueden tomar para el público general. Porque nunca se sabe. Ese “salud”, esos “buenos días” esos “gracias” pueden ser los únicos que un ser solitario pueda tener en una jornada. Lo que les impulse para no rendirse todavía en un mundo adverso e incomprensible.

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