La teoría de los Lucky Charms

lucky

Lucky Charms. Seguro los conoces, seguro los has probado. Quizás coincidas en que son deliciosos. Son una salida ideal para probar en las noches cuando no hay ganas ni tiempo de cocinar y en la que único que quieres es acompañar esa leche fría que descansa en el refrigerador.

La clave del éxito radica, además del simpático leprechaun que tiene como imagen de marca, en los malvaviscos que lleva. No todos los cereales cuentan con una extra que se les compare. Por mucho que nos puedan agradar, los Corn Pops y los Choco Krispis se sienten demasiado austeros en comparación. No en balde variantes como las Zucaritas han sacado sus versiones con malvaviscos. Hay que captar ese mercado. Los malvaviscos venden por despertar fascinación y por tener un sabor que no se encuentra en ningún otro lado. Sin ellos, los Lucky Charms serían figuritas que dejarían una sensación de cartón en el paladar.

Ahora bien, ¿alguna vez han apartado todos los malvaviscos de los Lucky Charms para comerlos por separado? Cuando están solos, sin el cereal, los malvaviscos terminan por asquear. Al principio (los cuatro o cinco primeros) pueden resultar satisfactorios, pero luego empalagan y se convierten en una aberración.

Dicho esto, que valga para hacer un paralelismo. Creo que la vida tiene un poco de eso. La cotidianidad y los malos momentos son el cereal. Los momentos de éxito y felicidad son los malvaviscos. En un vistazo superficial, el cereal resulta prescindible. ¿Quién no quisiera tener una vida que a diario fuera satisfactoria? Sin embargo, son esas pequeñas piezas de sabor a cartón las que hacen que los malvaviscos resalten. Estar sumido en lo cotidiano, en lo gris, en la derrota, hace que se disfrute más la luminosidad cuando por fin llega. Vivir en un bienestar perpetuo haría que cada noticia agradable perdiera su carácter especial. Sería aburrido hasta llevar al hartazgo.

Como aquel episodio de The Twilight Zone en el que un tipo muere y ya en el más allá todo le sale justo como él quiere. Al principio se divierte. Consigue a las mujeres que desea, todos le obedecen y va al casino donde gana siempre. ¿Parece la vida perfecta, no? Él lo cree así al principio. Piensa que está en el cielo. No obstante con el paso de los días se aburre: todo es tan fácil para él que ha perdido emoción. Alguien que gana un millón de dólares por primera vez en su vida, sin dudas se conmoverá hasta las lágrimas. Pero para él, que puede hacerlo a cada minuto, ha perdido sentido. Ya no supone logro alguno.

Al final del episodio al personaje, ya desesperado por la asfixiante situación, se le revela que no está en el cielo, que todo eso es más bien el infierno.

Así que no se lamenten demasiado cuando tengan una mala tarde. Tómenlo como una pieza que sumará puntos al alivio.

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